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miércoles 21|08|2019

500 años después, celebra en Andalucía la Primera Vuelta al Mundo

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La Primera Vuelta al Mundo, así comenzó la gran expedición
 
La Ruta de Magallanes-Elcano, el primer viaje de circunnavegación de la Tierra, la Primera Vuelta Al Mundo, representa la comprobación empírica de la redondez de nuestro planeta. Su importancia no es solo desde un punto de vista geográfico, cultural y científico, sino también antropológico, lo cual le confiere un innegable valor universal excepcional que merece ser preservado para toda la humanidad.
Esta ruta transoceánica simboliza mejor que cualquier otra todos los viajes de exploración que ampliaron la visión del mundo a principios del siglo XVI. En una España ya unificada desde sus abuelos, los Reyes Católicos, Carlos I es un rey joven que además de llevar la corona de ‘las Españas’ ostenta la condición de emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
Pimienta, jengibre, nuez moscada, clavo, canela… en esta época las especias se cotizaban muchísimo porque además de condimentar la comida se usaban para disimular el mal sabor de la carne no demasiado fresca.
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Ya desde siglos atrás, comerciantes europeos se acercan en busca de las preciadas especias a Asia por tierra, como Marco Polo, pero las sucesivas invasiones de los turcos hacia el este del Mediterráneo y la intermediación de genoveses y venecianos dificultan y encarecen el comercio, y hay que abrir rutas marítimas. Portugal, que había terminado antes la Reconquista, es la primera corona en llegar a la actual India y más al Oriente, bordeando África por el Sur. Mientras, España descubre las nuevas tierras que luego se llamarían América.
La tensión entre España y Portugal es tan alta que han de pedir la intermediación del Papa para dividir el Mundo en dos a través del Tratado de Tordesillas en 1494, con el trazado de un Meridiano 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde. Portugal se queda con su ruta africana y España con sus Indias recién descubiertas.
El navegante portugués Fernando de Magallanes, al igual que antes Colón, intentó obtener en la corte portuguesa financiación y apoyo para un viaje hacia las Islas de las Especias por el Oeste, pero su propuesta es rechazada. Sí la acepta el monarca español, Carlos I, con el que en 1518 firma unas Capitulaciones para el viaje en la ciudad castellana de Valladolid.
El emperador encomienda a Magallanes, como capitán general de una Armada de cinco naves y más de doscientos hombres, continuar la exploración de la costa sudamericana para encontrar un paso al Mar del Sur que Vasco Núñez de Balboa había descubierto cinco años antes, y dirigirse a la Especiería, o Islas Molucas (también llamadas simplemente Maluco o Moluco), en las que se producían las muy cotizadas especias.
Al hacerlo navegando siempre hacia el Oeste, se evitaría incumplir el Tratado de Tordesillas, había que asegurarse de que fueran islas que estuvieran dentro de la demarcación española, y hacerse con el control de ese comercio tan lucrativo de las especias. Los preparativos duraron diecisiete meses.
Y aquí comienza:
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El mayor viaje de todos los tiempos
El  puerto fluvial de Sevilla, Guadalquivir adentro, vio partir las cinco naves de la expedición capitaneada por Fernando de Magallanes el 10 de agosto de 1519. Las naos Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y la pequeña carabela Santiago van zarpando por separado, incluso con días de diferencia, a lo largo del río para volver a reunirse en Sanlúcar de Barrameda, donde permanecen hasta el 20 de septiembre -según la crónica del nuncio papal Andrés de Pigafetta- terminando de pertrechar las naves.
Embarcaron provisiones para dos años, sobre todo vino, galletas, harina, azúcar, arroz, animales vivos y muchas baratijas para intercambiar. El navegante español Juan Sebastián Elcano se embarcó como maestre de la nao Concepción.
Según la misma fuente, salen al mar en Sanlúcar de Barrameda unos 250 hombres, marineros, oficiales, soldados, especialistas de diversos oficios, grumetes, pajes y criados, y las cinco naves se adentran en el océano Atlántico el 20 de septiembre de 1519 hacia su primera escala en las islas Canarias.
Desde Tenerife, tras bordear la costa africana hacia el sur, hasta la altura de la actual Sierra Leona, y luego dirigirse al oeste, dos meses y medio después, con un retraso de calmas ecuatoriales, recalan en diciembre en la costa de lo que hoy es Brasil, concretamente en Río de Janeiro. Una ruta que comenzó por tanto atravesando aguas portuguesas e inició la desconfianza de la tripulación española hacia el capitán Magallanes y que más tarde dividiría la expedición.
El viaje continuó costeando hacia el Sur el continente sudamericano, hasta entrar en el Río de la Plata, que exploran concienzudamente en busca de un paso hacia el Oeste.
A partir de aquí, toda la ruta se desarrolló por territorio ignoto, es ya un viaje a lo desconocido. Bautizan un monte alto como Monte Vidi (Montevideo). Nadie había llegado antes a estas costas, así que según el tiempo se iba volviendo más frío –en febrero el hemisferio sur caminaba hacia el invierno de 1520-, iban tornándose más difíciles los intentos por encontrar un paso hacia el ‘Mar del Sur’ que el también español Núñez de Balboa había descubierto solo seis años antes.
Los que llamaron Puerto de San Julián y Puerto de Santa Cruz, hoy en día en la Patagonia Argentina, fueron los lugares elegidos por Magallanes para invernar a la espera de mejores condiciones para continuar viaje.
La idea de esperar tantos días en tierra firma no se entiende por parte de muchos expedicionarios, así que muchos oficiales –incluido Elcano- traman sublevarse contra Magallanes y este toma la drástica decisión de imponer castigos ejemplares a algunos, incluyendo a Juan de Cartagena, el viajero de mayor rango social y personalmente enviado por el emperador, a quien abandonó con un fraile en una isla sin víveres, a su suerte.
Estos hechos, que estuvieron a punto de dar al traste con la expedición, siguen con la pérdida de la carabela Santiago, que encalla en una maniobra de exploración. Sobreviven cazando ‘focas’. Es agosto de 1520 y quedan unos 220 hombres. Han pasado 14 meses desde que salieron de Sevilla.
Por fin, el 21 de octubre de 1520 descubren el Cabo Vírgenes y se empiezan a adentrar, sin saberlo aún, en el ansiado paso al otro lado de América, el Estrecho que hoy lleva el nombre de Magallanes.
No fue fácil: tras dividir la flota para la exploración, es difícil reencontrarse. La San Antonio espera cinco días al resto y, sola, decide volverse a España y contar el descubrimiento del estrecho y los desmanes de autoridad de Magallanes. Al llegar a España esta primera nao, al capitán general se le acusa de rebeldía. De camino descubren las islas Malvinas y las llaman Islas de San Antonio.
Quedan tres naos de las cinco que habían partido de Sevilla. Dejan una cruz clavada en el lugar del encuentro y continúan viaje. Fueron estos valientes viajeros quienes nombraron la ‘Tierra de los Fuegos’, por las numerosas hogueras que veían desde la borda.
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Ya han atravesado América. Seguimos rumbo a las Molucas, que suponían cerca, hacia el Norte y luego al Oeste. Los buenos vientos y la calma del Pacífico –que así lo bautizaron precisamente por ello- les permitieron alcanzar con muchas dificultades la Isla de los Ladrones (hoy Isla de Guam, en las Islas Marianas) en marzo de 1521, y ese mismo mes llegaban las tres naos a las actuales Islas Filipinas, que llamaron islas de San Lázaro.
Hambre, sed, escorbuto y muerte. Tras una travesía larga y extremadamente difícil [‘Creo que nunca nadie se atreverá a cruzar este océano’, escribió Pigafetta], en Filipinas, los indios los tratan con amabilidad y gran parte de la tripulación logra reponerse de sus enfermedades.
En la isla de Homonhon [‘donde la gente es muy buena’, explica el piloto Francisco Albo] establecen lazos de amistad y los indígenas se convierten mediante un pacto en vasallos del rey de España. Magallanes cristianiza aquí a cientos de indios, y ordena levantar una gran cruz en el punto más alto de la isla.
Es este un punto de inflexión en el viaje porque el esclavo malayo que trae Magallanes para hacer de intérprete en Las Molucas logra entender bastante bien el idioma local, lo cual significa la comprobación empírica de la redondez de la Tierra.
Pero los malentendidos provocan conflictos con los indígenas y la muerte de Magallanes y otros expedicionarios en una reyerta. Llegados a este punto la tripulación, que queda huérfana, se ha visto reducida drásticamente, solo queda un centenar de hombres, insuficientes para gobernar las tres naves que les restan, así que deciden vaciar y quemar la Concepción.
Julio de 1521. Desde la gran isla de Borneo, con una cultura más avanzada y también amigable, salen también ‘por pies’. Zarpan con pocos suministros Ya solo quedan la Trinidad, y la Victoria. Ambas necesitan reparación y paran 37 días.
Las Molucas, por fin. Habían pasado dos años y tres meses. Se encuentran unas treinta islas, lo que hoy es Indonesia, y comienzan a hacer acopio de clavo en Tidore.
En diciembre de 1521 zarpan la Trinidad, que empieza a hacer aguas e intentará volver a España retornando por el Pacífico, sin éxito –solo volverían tres tras ser prisioneros de los portugueses-, y la Victoria, finalmente en solitario capitaneada por Juan Sebastián Elcano.
Elcano y su grupo de hombres, aventureros de corazón, demuestran una audacia extraordinaria por cómo se plantean la vuelta.
Tienen un objetivo fundamental cuando salen de Timor, su última parada antes de llegar a casa navegando más de veinte mil kilómetros hacia el Oeste. Si lo consiguen, serán los primeros en completar la vuelta al mundo. 
Una angustiosa travesía bordeando Asia y África, siempre alejados de la peligrosa costa y evitando hacer escalas, tan necesarias, para no ser descubiertos por los portugueses, casi llega a Australia, descubre el Índico Sur y, con tempestades y terribles corrientes en contra, hambrientos y navegando muy meridionalmente llevan por fin a la nao Victoria a superar el Cabo de Buena Esperanza –sin verlo siquiera- en el mes de mayo de 1522.
Las enfermedades y el hambre se ceban con la maltratada nao Victoria. Ven que van a morir pero van a gran velocidad con condiciones favorables y la ilusión puede más. De hecho fallecen veintidós hombres más de inanición. En el Ecuador hay calma chica y aparece ya la sed más acuciante. Era tan desesperada la situación que decidieron recalar en Cabo Verde, tierra de dominio portugués y por tanto enemiga, y tratar de conseguir vituallas con una versión inventada de su travesía.
El engaño duró poco, algunos hombres fueron apresados y no regresarían a España hasta meses después, tras diligentes negociaciones entre las dos coronas.
Mientras, el último tramo del viaje llevó a la Victoria de Cabo Verde a rodear las Islas Azores para acercarse seguros a tierras ibéricas por la ruta clásica de los navíos procedentes de las Indias.
El veraniego anticiclón de las Azores los deja sin viento a los pocos días, y no consiguen avanzar apenas en agosto. Están ya cerca de la gloria, unos mil kilómetros, pero la desesperación y el agotamiento son sus compañeros de viaje. 
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Al fin, el día 6 de septiembre de 1522 los vecinos de Sanlúcar de Barrameda ven llegar ‘una nave fuertemente escorada, parcialmente desarbolada, y de la que asoman 18 escuálidos hombres ‘flacos como jamás hombres estuvieron’ (Elcano) que les dicen ser los supervivientes de la armada de Magallanes, y que vuelven de haber dado la vuelta al mundo cargados de especias. Les acompañaban al menos tres indios de las Islas Molucas. De inmediato se corre la voz como la pólvora por la ciudad, que se presta a atenderlos.
Elcano, deseoso de llegar a Sevilla, apenas se detiene en Sanlúcar de Barrameda, el mismo día de la llegada tomó a su servicio un barco para remolcar la Victoria por el Guadalquivir hasta Sevilla, por el mal estado en que se encontraba la nave. Ellos creían que iban un día atrasados por su cuaderno de bitácora, ya que al rodear el Mundo hacia el Oeste habían visto salir el sol una vez menos que los que estaban en tierra firme.
Dos días después atracaba en Sevilla la Victoria, que se reparó en las Atarazanas -y se hundiría en un viaje posterior a las Indias-. En el muelle esperaban las autoridades de la ciudad y los miembros de la Casa de la Contratación en pleno, junto a un numeroso público que contemplaba la llegada de la desvencijada nave.
A bordo de la Nao Victoria, 27 toneladas de clavo, la cotizada especia que la embarcación trae desde las islas Molucas y que cubre con creces los gastos de toda la expedición. La Victoria se convertía así en el primer barco en circunnavegar la Tierra. Atrás quedaban más de doscientos hombres y cuatro naves. Descalzos y con un cirio en la mano, lo primero que hicieron fue ir a dar gracias a la Virgen de la Victoria.
Elcano se ocupó de pedir por los supervivientes al emperador, al que escribe una carta nada más llegar en la que dice ‘Pasamos penalidades que solo Dios sabe’, y ‘hemos dado la vuelta a toda la redondez del mundo’.
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