AMÉRICA
 
domingo 17|02|2019

Sagua la Grande, cubana y villaclareña, recuperación del mito

En Cuba, a medio camino entre Sitiecito, la tierra del cimarrón Esteban Montejo (1), y de "su" otrora balnearia y turística Isabela, se encuentra Sagua la Grande, cruzada por el río del mismo nombre. No es villa antigua, cumplió sus 200 años en el 2017, pero cuenta con un pasado inmenso, como su apellido.

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Para descubrir su esplendor sólo hay que remontarse un siglo atrás, comunicada ya por ferrocarril con La Habana, Cienfuegos y Santa Clara. A esta última también por carretera, que se bifurcaba aquí, llegando hasta Quemados de Güines e Isabela. Ocho años después de su fundación, en 1825, ya tenía su primer hotel; en 1843 se habilitó el puerto cubano más próximo a los EEUU: Isabela de Sagua; en 1849 su primer trazado urbano y desde 1866 tiene el título de villa.


Cuba. Cocinando en Oriente. Ajiacos y otras delicias

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Raíces cubanas en el Bioparque Rocazul

Los cubanos son maestros en conservar y reutilizar. El tópico, no por muy sobado menos deslumbrante, lo tenemos en su parque automovilístico prerevolucionario, único en el mundo. Es lo más vistoso, pero sólo un ejemplo más. Cuba se repasa, se reinventa, día tras día. Esa exploración constante, que podríamos simbolizar con la caja de herramientas de cualquier "milmañas" que se las ingenia para resolver ('resolver', así, en abstracto, lo que sea), se encuentra también en su cocina, que, por otra parte, ha ido incorporando a sus platos productos, técnicas y costumbres de los pueblos que iban llegando a la isla. Más que un ejemplo, un símbolo, puede ser el 'ajiaco cubano'.

ENBIGA. Encuentro de colonos en la Patagonia. Maquehue-VillaPehuenia

Está claro que Villa Pehuenia, uno de los poblados más jóvenes del Neuquén, ha sido una buena elección para montar el acercamiento bioceánicopor su posición en medio de la cordillera y a sólo 12 kilómetros de la raya; pero, además, se dan dos circunstancias que refuerzan el acierto. La primera: el turismo es su principal motor y la gastronomía su aspecto más determinante. Segunda: en su gente, eminentemente foránea, abundan los emprendedores. Argumentos que por sí solos provocan la complicidad de muchos pequeños empresarios del sector, que no quieren perderse el acontecimiento.

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En la exposición preparada con motivo del ENBIGA hay productores de cervezas artesanales, confiteros atraídos por el exotismo del pehuén, tejedoras de lana, una botánica mutada en guía de naturaleza, elaboradores de embutidos y ahumados... Todos, animados colonos de la Patagonia.


El Salvador, pulgarcito de América. La riqueza del café, el cacao, el azúcar...

La actividad agrícola más importante de El Salvador es el cultivo de café, hasta el punto que los cafetales ocupan el 8 % del territorio. Sin embargo, lejos de convertirse en monocultivo, el cafeto lleva consigo la biodiversidad. La explicación es sencilla y se puede resumir en dos razones; primera: "aquí el 90 % del café se produce en sombra", por tanto, necesita árboles que se la proporcionen, como bananos u otros frutales; o medicinales como crotón o bálsamo, que además produce resina aromática usada en farmacia. Segunda: los mejores se dan por encima de los 1.200 metros sobre el nivel del mar, pero el viento es su enemigo; con lo cual, al encontrarse la mayor parte de las plantaciones en laderas de montañas azotadas por los vendavales, necesita cortinas rompevientos, logradas con hileras compactas de árboles de alto porte que suelen ser cupresos o eucaliptos. Entonces, "hablar de cafetales es hablar de bosques" (uno de los lemas de la Fundación Salvadoreña para Investigación del Café) o, lo que es igual, biodiversidad de bosque húmedo subtropical.

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El Salvador, pulgarcito de América, gigante del añil

Un día en Suchitoto

El Salvador es un destino real, potente, un lugar para deleitarse. Su variedad paisajística y exhuberante flora, unidas a una población acogedora y amable, hacen que te sientas arropado, querido, que lo vivas planificando ya el regreso. Lo de "real y potente" son calificativos del hombre que más sabe de turismo en el país; "pulgarcito" es un apelativo cariñoso, usual allí por su condición de estado más chico de la América continental.
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El añil seguramente es el producto (y el color) que mejor lo identifica en todo el mundo. Después de un letargo de casi cincuenta años, en los cuales los colorantes sintéticos le ganaron la partida, la industria del índigo vuelve a tomar impulso en esta tierra. La elaboración del "oro azul" salvadoreño entre 1783 y 1792 suponía más del 90 % de la producción centroamericana, aunque en esa época fuese más conocido como "añil de Guatemala", ya que también era el nombre de la Capitanía que abarcaba casi toda Centroamérica, incluyendo Chiapas, Belice y algunas provincias de Panamá, además de los actuales Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. La pujanza económica de El Salvador en el siglo XVIII dependió de la exportación de su tinte.

El Salvador, pulgarcito de América, secreto de surfistas

Muelle de La Libertad y Playa del Tunco

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El Salvador no sólo es el más pequeño en el continente americano, sino que posiblemente sea de los menos conocidos para el turista latino. Recientemente hemos tenido oportunidad de visitar algunos de sus pueblos más emblemáticos, moviéndonos a través de sus buenas carreteras (su red vial está entre las tres mejores de América Latina, con Chile y Panamá), y constatando que, además de paisaje, biodeversidad, artesanía, monumentos..., cuenta con magníficos alojamientos, buenas playas, cuidada gastronomía y, lo más importante, una gente acogedora que contribuye a hacer real el lema de su publicidad: "más tuyo, más cerca y más accesible".