EDICIÓN LIMITADA
 
miércoles 21|08|2019

Azahar, incienso y saetas en la Semana Santa de Málaga

Martes Santo, guapa y guapa
Como dice el reportaje de apertura de Cruz Guía, un gratuito de Semana Santa editado por la Cope de Málaga, ‘El Martes Santo tiene rostro de mujer y se llama Rocío, la Novia de Málaga’.
 
Es también el día del Cristo de la Humillación y su Virgen de Estrella, que lleva en el manto los escudos de todas las provincias españolas. Y de la Virgen de las Penas, vestida de flores.
Hoy sale la cofradía de Nueva Esperanza. Sus hombres son los que más tiempo pasan debajo de un varal de trono en esta Semana Santa, casi doce horas de procesión, diez kilómetros, de cuatro de la tarde a cuatro de la madrugada, soportando el dolor del Cristo Nazareno del Perdón. Nadie diría que es una de las cofradías más jóvenes, sólo 14 años en la carrera oficial de esta ciudad acogedora.
Va a ser un día largo, así que comemos un pescaíto en una de las bocacalles que dan a la catedral. Gambas, jamón ibérico, una ensalada, pimientos asados, y buchones de rosada. El adobo es distinto, lleva pimentón y ajo. Con mayonesa.
Este Martes Santo son también protagonistas las flores. Diez jardineros municipales utilizan tres mil doscientas margaritas blancas, mil ochocientos claveles también blancos, paniculada, helecho, rosas, helicornias… para tejer el manto de la Virgen de las Penas.
Es así desde los años 40, cuando la Virgen se quedó sin manto. Alguien iba a prestárselo, pero el pueblo de Málaga prometió hacerle el más bonito del mundo.
Todas las cofradías cuentan ya con una Casa de Hermandad, de grandes puertas, desde donde salen la mayoría de tronos, que no caben apenas en sus iglesias. Pero muchos malagueños aún recuerdan como cada Martes Santo los cofrades del Monte Calvario y María Santísima del Rocío tenían que derribar el tabique lateral de la iglesia parroquial de San Lázaro y sacarla por una enorme tronera que los albañiles cerraban al día siguiente. Así fue año tras año, hasta que construyeron su Casa en la calle de la Amargura.
Estamos frente al kiosco de flores. Al fondo vemos el mercado de Atarazana, con su cubierta de tejas verdes y rojas. Esperamos a Ntro. Padre Jesús Nazareno. Por entre los nazarenos cruza un muchacho con un carrito de bebidas frescas, y un padre con un enorme algodón de azúcar rosa. Todos atentos a la calle Panaderos.
‘Otro pasito, otro medio pasito’. El trono gira para entrar en la Alameda meciéndose con ese paso que aquí se baila como en ningún otro sitio. Los malagueños rompen en aplausos.
La procesión se detiene en la Alameda. Los hombres se relajan un instante, un cigarrito y una charla breve con un amigo. Reanudan el paso. En profundo contraste con su gesto de esfuerzo, la actitud marcial de los Guardias Civiles que imprime por sí sola solemnidad a la procesión. Impecables en sus trajes de gala, con guantes blancos, sin mover un solo músculo. Medallas. Tricornios de charol negro. Escoltan los tronos de los Pasos del Monte Calvario.
Al poco rato pasa la Virgen del Rocío, la más piropeada de Málaga, pureza blanca de un vestido que dicen que le regaló una novia. Es la única que no tiene lágrimas.
Unos niños aprovechan las pausas para acercarse a los cofrades y hacer más grandes sus bolitas de cera; les tocan la mano enguantada, los saludan con una sonrisa. Y enseguida aparece su madre para contarles la historia. ‘¿A que no sabes qué tiene de especial esta Virgen?’. Y ellos: ‘¿Me echas? [cera]’.
 
      

Precioso. Simplemente me ha

Precioso. Simplemente me ha encantado como ha entonado la Semana Santa. Magnífico. ¡Te doy mi enhorabuena!

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