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lunes 16|07|2018

Portillo, una escapada a la Tierra de Pinares de Valladolid

A muy pocos kilómetros al sureste de Valladolid, en la magnífica Tierra de Pinares, se encuentra un pequeño pueblo que reúne encanto, historia, artesanía y patrimonio natural como para convertir un día cualquiera en una escapada deliciosa.

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Elevado sobre uno de los característicos cerros que coronan el paisaje de horizontes inmensos de Valladolid, su castillo gótico preside la villa de Portillo. A sus pies, los campos extensos de pinares, el páramo y la campiña, con sus colores cambiantes según la época del año.
Aquí se encuentra, además, uno de los sabores más populares y entrañables de Valladolid. ¿Quién no ha probado una ‘zapatilla’ –sus característicos mantecados blancos- acompañando a un buen vino dulce?
La servían ya a principios del siglo XX en el Penicilino, un bar mítico de la plaza de Portugalete, junto a la catedral vallisoletana, y aquí en Portillo puede comprarse e incluso visitar los obradores artesanales donde se producen como antaño. También sus piñones y ajos, que son alimentos de gran fama en toda la provincia.
Aún se conserva parte de la muralla de piedra que cerraba la ciudad en el siglo XIII y una de sus puertas de entrada, la que da acceso a Portillo por la ‘calzada empedrada’.
El castillo, que hoy puede visitarse, data del siglo XV, y albergó entre sus muros prisioneros célebres, como Álvaro de Luna o el propio rey Juan II de Castilla. Hoy es propiedad de la Universidad de Valladolid.
Junto a la iglesia de San Esteban, Tres Arcos de medio punto construidos en ladrillo dan acceso desde hace más de doscientos años a la plaza del Ayuntamiento, la misma en la que nació y vivió el médico Pío del Río Hortega, el hijo más ilustre de Portillo.
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No son las únicas joyas históricas de la villa, quedan aún algunas iglesias góticas, como la de San Juan Bautista, que hoy se puede disfrutar convertida en bar y restaurante Alboroque. Aquí se degustan buenos platos castellanos bajo la bóveda de crucería estrellada de su sacristía.
La visita a Portillo no está completa sin asomarse al ‘Pico del Calvario’; la vista se pierde varios kilómetros, entre inmensos páramos y un mar de pinares. Desde su mirador se puede ver el Cerro de San Cristóbal, parte de la ciudad de Valladolid, e incluso el castillo de Íscar, entre un mar de pinares hasta el vecino valle del Duero.
Cuentan las crónicas que los pinos que la rodean, piñoneros y resineros, fueron concedidos por Felipe II como premio a las proezas de guerra, lo cual nos da una idea de su antigüedad.
Existen también zonas de yeseras en las que contemplar la extracción de este mineral, y donde actualmente anidan colonias importantes de murciélagos.
Por último, el municipio cuenta, igualmente, con zonas de dunas de arena y zonas de canteras. Los minerales de la zona, especialmente su barro rojo, son bien utilizados para la alfarería, famosa en el vecino Arrabal de Portillo, a los pies de este.
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Cada año Portillo celebra dos eventos que atraen a numerosos visitantes. El último fin de semana de junio, su Feria de la Artesanía y el Ajo y, a primeros de septiembre, los encierros a campo abierto, que luego continúan por las calles del centro. Pero seguramente la mejor época para visitar la villa sea en primavera, cuando los colores de los campos enmarcan la belleza sencilla de este lugar repleto de historia.
Texto y fotos: Ana Bustabad Alonso