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domingo 16|06|2019

Una ruta por la Sierra de Aracena, el secreto mejor guardado de Huelva

Texto y fotos: Federico Ruiz de Andrés y Ana Bustabad Alonso
Tierra de descubridores, de playas vírgenes, de fresas y linces ibéricos, Huelva guarda todavía secretos que solo conocen los viajeros avezados, los que buscan más allá de los folletos.
aracena
Uno de ellos es sin duda la Sierra de Aracena. Con un paisaje de dehesas, bosques y pastizales, entreverado de pueblecitos blancos como el mejor jamón ibérico, el reloj marca aquí su propio ritmo.
Estamos en la zona norte de la provincia de Huelva, en pleno Parque Natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, pero nos gusta más llamarla Sierra de Aracena, por sonoro y porque esta ciudad blanca es el mejor punto de partida para conocerla.
A medio camino entre Lisboa y Sevilla, entre Badajoz y la propia capital onubense, la carretera se adentra sinuosa entre alcornoques, encinas, quejigos y castaños. Cada tanto, clarea la vista entre el monte bajo un prado húmedo y verde, hierba fresca para los cerdos morenos de grandes orejas.
aguadoras
Justo antes de llegar, la torre del castillo asoma curiosa en lo alto. Imposible no detenerse para tomar la primera foto. Aracena entera es una postal, y no deja de serlo por más que se descienda al nivel del suelo, que aquí luce empedrado, dibujado y señorial.
De casitas encaladas, no más de tres o cuatro alturas, aquí y allí salpicada con las obras de Aníbal González, famoso arquitecto que diseñó la sevillana plaza de España. El casino, el lavadero, son solo excusas para recorrer estas calles tranquilas. Si faltasen, bastaría dejarse llevar por los aromas.
Aracena huele a dulce, que los aracenenses son golosos sin miramientos. La primera parada imprescindible ha de hacerse en la confitería Rufino, en la calle Constitución. Abierta desde 1875, es un auténtico templo de los sabores. No hay que perderse sus yemas recubiertas de caramelo y rellenas de nueces o almendra, el mejor souvenir que se puede llevar a casa el viajero.
yemas
O los tocinillos de cielo, o las tartas de fresas, que se recogen en el momento justo de maduración. ‘Nos llaman y salimos a la hora que sea para Lepe’, cuenta Pilar, una de los cinco hermanos propietarios de este negocio que abrió cuando la moneda corriente era el real de vellón y el peso se medía en libras.
Huelva es tierra de fresas, y de gambas, pero eso son otras lides, y aquí en Aracena no hay mayor placer que un plato de jamón ibérico bien cortado, de ese que se alimenta con bellota y otras delicias de la dehesa.
Lo cuentan divinamente en el Museo del Jamón, donde se aprenden curiosidades como que hubo una época en que incluso los musulmanes que poblaban esta zona apreciaban el prohibido manjar. A la salida, frente al punto de información micológica, te despiden con unas lascas que se derriten en la boca.
jamon
      

Buenos días, somos la oficina

Buenos días, somos la oficina de turismo de Jabugo.
Queremos dar a conocer nuestra oferta turística para que podáis incluirla dentro de vuestras rutas por la sierra de Aracena si os parece bien.
¿Dóndo podemos mandar informaciçón? Si nos dejais un correo electrónico podemos mandaros la informasción necesaria sobre el Centro de Visitantes del Ibérico, las diferentes bodegas que hacen visitas guiadas y de bares y restaurantes.

Un saludo

Miguel López
Ayuntamiento de JAbugo

Muy interesante la

Muy interesante la descripción narrativa del autor. Además, un bonito paisaje urbano y todo ello blanco y color tejas.

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