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martes 23|07|2019

Castillo Son Vida, el amanecer más bonito de Palma

Federico Ruiz de Andrés y Ana Bustabad Alonso

Hay días en que Palma amanece mimosa, cubierta por una pelusa blanca donde se reflejan las primeras luces. En realidad es una neblina ligera que se deshace cuando sale el sol y se pierde por el sur, en la bahía, sumergiéndose despacio en el Mediterráneo.
Lo sé bien porque la he visto amanecer desde la terraza de mi habitación en el Castillo Son Vida, que esos días es el mejor lugar para ver cómo se despierta Palma. Se ve toda la bahía, el castillo gótico de Bellver, la catedral; a lo lejos, los impresionantes barcos de cruceros…
Este cinco estrellas gran lujo tiene además una de las mejores terrazas de Palma, y seguramente de toda la isla de Mallorca. A unos diez minutos del centro y poco más del aeropuerto Son Sant Joan, se encuentra esta finca mallorquina del siglo XIII. Aislada del ruido, intemporal, parece que aquí el reloj se detiene.
El bolígrafo con el que escribo estas notas confirma que el hotel pertenece a The Luxury Collection. No hace falta. Desde que entras en recepción se vive un lujo sencillo pero rotundo. Ese que se percibe en los detalles, sin agobiar, sin etiquetas, sin estridencias, que te hace sentir como si hubieses nacido en él.
Muchos años atrás, un caluroso día de junio de 1961, las puertas del Castillo Son Vida se abrieron majestuosas para celebrar la fiesta más espectacular que se había visto nunca en la isla. Medio millar de personalidades de todos los ámbitos eran testigos de la apertura como hotel de este edificio del siglo XVI.
Tan sólo había transcurrido una semana cuando atracó en el puerto de Palma uno de los yates más famosos del mundo, el ‘Christina’. A bordo, Aristoteles Onassis, su propietario, al que acompañaba su gran amor, la soprano Maria Callas, y dos invitados de lujo: el príncipe Rainiero de Mónaco y una de las actrices más glamurosas de todos los tiempos, Grace Kelly, convertida ya en princesa Gracia.
La fiesta que ofrecieron se recuerda todavía aquí por asistentes como Montgomery Clift o Elsa Maxwell, pero desde entonces han sido muchos los personajes históricos que han dormido en el hotel.
Brigitte Bardot, Truman Capote, Julio Iglesias; la actriz Zsa Zsa Gabor, que tuvo que pasar una noche en comisaría por no pagar la cuenta del hotel; Yasser Arafat, Gadafi, o el rey Hassan de Marruecos, que quedó tan impresionado con el menú que invitó al chef a su suite para sonsacarle la receta de la lubina a la naranja.
Al llegar a la habitación encuentro una tarjeta firmada por John Veensma, general manager del Castillo Son Vida, en la que se lee: ‘El hombre que más ha vivido no es aquel que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida’. Jean-Jackes Rousseau.
Aquí es fácil vivir mucho y muy deprisa. La experiencia comienza al bajarse del avión. Desde el aeropuerto de Palma, uno de los que cuentan con más vuelos de toda España, el hotel ofrece un transfer de limusinas Mercedes Clase S, de la empresa Transfer Car. Si se busca un coche de sueño, entonces hay que reservar el Rolls-Royce Silver Seraph.
A primera vista el Son Vida no parece un castillo. De hecho, al principio no lo era. En las memorias de Mallorca se menciona por primera vez en 1518, como la finca de una familia que había amasado grandes riquezas durante la conquista de la isla.
Tras una historia complicada, Son Vida fue reconvertido en castillo hacia 1900 por Nicolau Truyols, Marqués de la Torre, para entregárselo como regalo de amor a su esposa. Desde 1995 es propiedad del holding alemán Schörghuber.
      

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