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sábado 18|08|2018

Mostrar La Habana (IV): Piano y salubridad (otra vez música y agua)

Manolo Bustabad Rapa, periodista

El suministro de agua a la Habana es un tema recurrente desde hace más de cuatro siglos. El haber observado la presencia de cisternas en las calles para abastecer a algunos hoteles (no sé si al resto de la población) suscitó nuestra curiosidad por este asunto, haciendo algunas averiguaciones.

Los datos que citamos a continuación son extractados, básicamente, del estudio publicado por Henry Figueredo Losada en la Revista Estudiantil Nacional de Ingeniería y Arquitectura, Vol 1, Nº 1 (2009), bajo el título El abastecimiento de agua a La Habana: la obra más relevante del siglo XIX a nivel mundial., con el que se refiere al ‘acueducto de Albear’.
La Zanja Real.- Ya en 1544 el gobernador Juanes Dávila proponía al Rey la construcción de una zanja para traer aguas de la Chorrera. Insistió el gobernador Antonio Chávez en 1546 y se trató el asunto en varias reuniones del Cabildo, entre 1550 y 1562, hasta que, “en la de 24 de enero de 1563, se acordó imponer una sisa a la carne, al vino y al jabón para costear las obras, que se emprendieron a finales del 1566, bajo los criterios propuestos por el constructor de la Real Fuerza Francisco Calona, y se culminaron en el 1592, según consta en la lápida situada en el callejón del Chorro en la Plaza de la Catedral”.

Acueducto de Fernando VII.- En 1831 la ciudad ya contaba con más de cien mil habitantes, pero su agua era de mala calidad por lo que, desde la metrópoli, se decidió construir un nuevo acueducto, llamado de Fernando VII, en el que se emplearon los primeros tubos de hierro fundido que se usaron en Cuba, importados de Filadelfia. Se inauguró en 1835, pero resultó un fracaso debido a sus errores de cálculo y de filtrado.
Primer Acueducto Municipal de la Habana.- Este acueducto auxiliar se puso en servicio en 1873 y tenía por objeto abastecer la zona de extramuros, el Arsenal, la fábrica de gas de alumbrado y las fuentes del Campo de Marte, actual Parque Central.          
El acueducto de Albear.- El ilustre ingeniero cubano Francisco de Albear y Fernández de Lara dedicó su vida a dotar de agua potable a la ciudad de la Habana. Estas obras empezaron en 1858 y concluyeron en 1893, seis años después del fallecimiento de Albear.
La conductora del acueducto, con sección oval de 2,42 metros en el eje vertical y 2,00 metros en el horizontal, tiene 9,6 kilómetros de longitud y está construida de cantería hasta el arranque de la bóveda, que es de ladrillos de barro.
El camión cisterna está suministrando agua al Hotel Ambos Mundos y ocupa casi toda la calle. Antes de seguir mi camino me detengo a parlotear un momento con el conductor. Sus datos coinciden con los que viene publicando los últimos meses la prensa oficial, en lo que se refiere a la sequía que padece la Habana estos años, y que parecen ir a peor.
De todos modos, no es novedad, los viejos cuentan que aquí siempre se repartió el agua en pipas. El vehículo es nuevo y está reluciente, no obstante, el chofer, no satisfecho, me asegura que al terminar el servicio volverá a lustrarlo.
Acuso el cansancio de todo un día de callejeo y me rindo al reclamo de las notas de un piano procedentes del antiguo Centro Gallego, sede del Gran Teatro de La Habana, concretamente de un local de la planta baja, en cuya portada se lee: Adagio, bar concert.
Es un espacio agradable, de reciente decoración, con predominio del blanco y negro. Sólo hay una mesa ocupada, por una mujer. Tomo asiento orientado hacia el músico y pido un mojito.
El pianista tiene un repertorio de adaptaciones breves y se le ve voluntarioso.
Ojeo la carta, en la que predomina oferta de tapas. No debería extrañar que ofrezcan también la música en porciones pequeñas, en raciones armónicas reducidas. Voy al aseo, entretanto me lo pienso.
No hay agua. Se nota desde la puerta. No entro. “Ahora mismo se terminó, tienen que traerla en cisterna. Mientras tanto, no tenemos”.