SABORES
 
lunes 22|07|2019

Días de vino y ostras en la histórica región de Aquitania

Texto y fotos: Sabela Cal Maceiras
Asomada al Atlántico, de clima suave durante todo el año, la región francesa de Aquitania ofrece, además de sus increíbles paisajes y su patrimonio arquitectónico, un viaje cultural a través del vino, la gastronomía y el turismo de una de las regiones vitivinícolas más importantes del mundo.
 
Aquitania sabe a ostras de Arcachon, a vinos del Médoc, a castillos que mantienen intacto el encanto medieval del suroeste francés. Fronteriza con el País Vasco español, a menos de tres horas de París y muy cerca de las principales estaciones de esquí de los Pirineos, está perfectamente comunicada por carretera, por tren, en barco o a través de sus aeropuertos internacionales. En la web de Turismo de Francia se explica cómo llegar.

Un paseo goloso por Burdeos

Su capital, Burdeos, es conocida mundialmente por la calidad de sus vinos y su gastronomía, pero también por su rico patrimonio arquitectónico del siglo XVIII. De hecho, desde el 28 de junio de 2007 es considerada Patrimonio Mundial de la Unesco. Está entre las cinco mayores metrópolis francesas, y posee el sector protegido más amplio después de París.
Burdeos es una ciudad de piedra, con calles llenas de encanto y numerosas plazas y parques floridos. La mejor forma de conocerla es caminando subiendo y bajando la mirada para descubrir sus barrios vivos y cosmopolitas, cada uno con su propia identidad.
Un paseo sabroso ha de incluir el Chartrons, el barrio histórico de los negociantes de vinos. Aquí está el Comité Interprofesional de los Vinos de Burdeos (CIVB) y la Escuela del vino.
Para probar los platos más típicos del Suroeste de Francia una buena opción es el restaurante La Tupina,  en el corazón del barrio Saint-Michel. Los platos más elegantes de la ciudad, sin embargo, son los de Pascal Nibaudeau, el chef del restaurante Pressoir d’Argent del Regent Grand Hotel Bordeaux, un cinco estrellas que cuenta con estrella Michelin.
La oficina de turismo de Burdeos organiza diariamente visitas gastronómicaspor la ciudad. Una de las más apetecibles es el ‘paseo glotón’, que hace escala en varias de las tiendas emblemáticas Burdeos para disfrutar de los productos locales. 
Si se dispone de tiempo suficiente, la oficina de turismo organiza a lo largo de todo el año excursiones guiadas a diferentes pueblos y viñedos bordeleses que incluyen degustaciones y almuerzos. Para dormir, dos buenas opciones son el Mercure Cité Mondiale, en el barrio de Chartrons, o el All Seasons Meriadeck en la avenida del General Larmitat.
Castillos y fortalezas medievales: St Emilion y Monbazillac
Aquitania es tierra de sabores, de tradiciones, de castillos y fortalezas. Una de las escapadas imprescindibles es la visita al pueblo medieval de Saint Emilion, al norte del valle de la Dordoña, a unos 35 km al noroeste de Burdeos.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, pasear por Saint-Emiliones sumergirse en plena Edad Media. Está erigido en una montaña rocosa con empinadas calles empedradas (se recomienda evitar los tacones), y rodeada de viñedos hasta donde se alcanza a ver. Su iglesia monolítica del siglo XI es la más grande de Europa, y su campanario, en lo alto del pueblo, domina todas las vistas.
La belleza del paisaje y la paz que se respira en esta zona nos puede ayudar a comprender que en el siglo VIII un monje Bretón llamado Emilion eligiese este enclave para retirarse lejos del mundo y establecerse en una ermita excavada en la roca.
Emilion evangelizó a la población local y junto con un grupo de monjes creó una gran ciudad monástica a la que los creyentes dieron el nombre de Saint-Emilion. Merece la pena empaparse de la fascinante historia del pueblo, desde sus orígenes hasta el presente, muy fácil con alguna de las visitas guiadas que organiza la Oficina de Turismo de Saint-Emilion.
Otro de los grandes atractivos de este pueblo son sus 200 km de galerías subterráneas excavadas en rocas de piedra caliza que se extienden bajo el pueblo y el viñedo, y de las que una parte está abierta al público.
Se trata de un antiguo cementerio subterráneo que hoy en día está acondicionado para albergar bodegas y como espacio museístico. Su temperatura constante e higrometría hacen de ellas un lugar sensacional para el vino.
Saint Emilion es una de las principales zonas de tintos de Burdeos, con su propia denominación de origen, pero es también conocido por sus macarons, un dulce elaborado a base de almendras, clara de huevo y azúcar cuya receta data de 1620, cuando las hermanas Ursulinas se asentaron en Saint-Emilion, y que ha ido pasando de generación en generación.
Para sumergirse en el mundo de la producción vinícola, la opción más atractiva es visitar las bodegas que, atendidas por sus dueños, abren sus puertas a los visitantes, en las que explican el proceso de elaboración del vino y obsequian a los visitantes con una copa.
      

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