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lunes 16|09|2019

Israel, como no te lo imaginas

Texto: Ana Bustabad Alonso  Fotos: Federico Ruiz de Andrés

La pequeña aldea donde se crió Jesús, Nazaret, es ahora la mayor ciudad musulmana del país; el Calvario no es un monte, sino una roca en el subsuelo de Jerusalén; y muy cerca del mar Muerto, en pleno desierto, el kibbutz Ein Gedi cultiva 900 especies de plantas de todo el mundo. En Israel, nada es como te lo imaginas.

Eso mismo piensa Menno, nuestro guía, que propone la frase como titular del reportaje. Estamos de acuerdo. La carga de historia y religión es tan grande en esta tierra que es fácil llegar con prejuicios. ‘Las tradiciones son importantes porque han hecho que dos mil años después sigamos aquí, existiendo como pueblo’, explica.
 
kibbutz Ein Gedi
Pero Israel sorprende como pocos lugares. Sólo hay que dejarse llevar por la curiosidad para descubrirlo. Será porque en esta tierra ha transcurrido gran parte de la historia de varias civilizaciones, o porque es la niña bonita de las principales religiones, lo cierto es que este país está lleno de lugares que transmiten buenas vibraciones.
Cárgate de energía. Olvídate de visitas clásicas e itinerarios religiosos, te desvelamos algunos de sus rincones más especiales. Israel como no te lo imaginas.
ZevulunUno de ellos, al sur, es el kibbutz Ein Gedi, que nació al pie del oasis del mismo nombre, en 1956. En los años sesenta sufrió una ampliación y desde entonces sus casas sencillas están sobre una elevación natural, asomado al mar Muerto.
Rodeadas de un jardín botánico donde se cultivan plantas de todo el mundo, viven y trabajan 600 personas en comunidad, compartiéndolo todo. Algunas ya son la segunda generación.
Uno de sus impulsores, Zevulun, que vive aquí desde 1962, cuenta que este fue el quinto de los kibbutzs que se fundaron en Israel.
‘Los había por toda la frontera del país. De hecho, sustituyeron a los puestos fronterizos que tenía el ejército. Fue un ‘invento’ de pioneros de Europa que buscaban una sociedad mejor’. En los últimos años, algunas cosas han cambiado, pero no lo esencial.
Zevulun, que sigue prefiriendo los libros a los coches, muestra con orgullo sus plantas tropicales y subtropicales, de todos los continentes. ‘Tenemos tres baobabs africanos, plantados un año antes de llegar yo’, cuenta.
A pesar de encontrarse en pleno desierto, las temperaturas son parecidas todo el año, sin demasiados extremos. La comunidad se ocupa de la agricultura, principalmente, aunque cuenta con un hotel de bungalows, con spa, para recibir a los viajeros. Es sencillo, pero muy especial, por la tranquilidad y las vistas espectaculares.
restaurante ShmuelOtro de esos alojamientos cargados de energía, aunque mucho más lujoso, es el hotel King David, en Jerusalén, un edificio lleno de sabor de tiempos pasados.
A pesar de la aparición de nuevos hoteles más modernos, ninguno tiene tanto carácter como este clásico. No se puede dejar de tomar, al menos, un café en su terraza, rodeada de árboles.
Otro hotel que merece la pena visitar en la ciudad es el Mount Zion. En el siglo XIX fue hospital británico y hoy está algo obsoleto, pero si entras en su vestíbulo podrás hacer una de las mejores fotos de la ciudad amurallada.
Muy cerca, en la antigua estación de ferrocarril, se puede probar comida kósher buena y sencilla. Uno de los almacenes alberga ahora un pequeño restaurante familiar de decoración minimalista llamado como su dueño, Shmuel. Tiene un menú corto con mezze y un par de platos para elegir. El café espresso, impecable, como siempre en Israel.
Albergue AustríacoTodas las visitas turísticas de Jerusalén incluyen un recorrido exhaustivo por los cuatro barrios de la ciudad vieja, cristiano, musulmán, armenio y judío. Pero si madrugas mucho podrás recorrer sus calles vacías mientras sale el sol.
Camino del Calvario, en la bíblica Vía Dolorosa, el Holy Rock café es un buen lugar para hacer una parada y tomar un zumo de naranja. Moderno, pequeño y limpio.
Una vista de los tejados de la ciudad que no puedes perderte es la que se obtiene desde la azotea del Albergue Austríaco, en pleno centro. En su wiener kaffeehaus se puede tomar un café con nata buenísimo, o comer en alguna de sus terrazas, un oasis en pleno barrio cristiano.
      

A mi me han entrado unas

A mi me han entrado unas enormes ganas de conocer Israel. Siempre me habían hablado, pero tenía cierta precaución.
Voy a interntarlo y conocer esta maravilla

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