Gastronomía de invierno en los Pueblos más Bonitos de España

EXPRESO - 11.02.2021

Los municipios que forman parte de la Asociación Los Pueblos más Bonitos de España son lugares únicos, llenos de tradición y con la autenticidad por bandera.

Su patrimonio, ya sea cultural, arquitectónico y natural, asombra a todo el que haya conocido alguna de las 104 localidades que ya forman parte de la red, que salpican la geografía española, cada uno con su propio estilo e identidad.

Además de la belleza de sus calles y entornos, el patrimonio de los pueblos también pasa por la gastronomía: cocina auténtica con ingredientes autóctonos que refleja, en cada bocado, la particular historia del municipio.

‘Uno de los grandes atractivos turísticos son sus platos típicos. Debido a que no podemos hacer turismo con normalidad, por la situación sanitaria que atravesamos, desde la Asociación proponemos acercar nuestros pueblos a las casas de todas las personas, a través de su gastronomía’, explica Francisco Mestre, presidente y fundador de la Asociación Los Pueblos más Bonitos de España.

Los platos típicos de invierno, cada uno con su personalidad única, son la especialidad de muchos pueblos, algunos ubicados en serranía o zonas frías durante esta época del año. Aunque cada uno de los pueblos, por pequeño que sea, ofrece un propio tesoro gastronómico, estas son algunas de las ideas gastronómicas extraídas de estos pequeños municipios:

Las sopas de ajo tostao de Bubión, Granada

Las sopas de ajo son un plato saciante, caliente y lleno de vitaminas, perfecto para ‘calentar el estómago’.

En Bubión, un pueblo blanco situado en plena Alpujarra, muy próximo a otros dos municipios de la Asociación: Pampaneira y Campaneira, estas tradicionales sopas las hacen de una forma muy particular.

Además de ajo (tostado, naturalmente), llevan cebolla, almendras, tomate y jamón. Toda una delicia invernal que puede acompañarse con vino de las bodegas de la Contraviesa y ser secundado por la variada repostería de la zona: borrachillos, papaviejos, soplillos, pan de higo o buñuelos.

Las patatas volteás de Candelario, Salamanca

Sus patatas volteás son un plato típico de toda la zona salmantina que acoge al bello pueblo de Candelario, tan bello que ha sido muy a menudo escenario de películas y series. Sin embargo, aunque no podemos pasar por alto estas tradicionales patatas con torreznos, cebolla y pimentón ahumado, también son típicas las empanadas de setas de la zona o sus muchos embutidos de cerdo, cuyo sabor inconfundible se obtiene, según los locales, al secarse con el frío serrano de Candelario, ubicada a 1136 metros sobre el nivel del mar.

En esa zona, pueblos de la Asociación cercanos comparten esta rica y tradicional gastronomía, como Miranda del Castañar, Mogarraz, La Alberca, también salmantinos, o Bonilla de la Sierra, Ávila.

El cocido lebaniego de Potes y Mogrovejo, Cantabria

Potes es un rico pueblo cántabro, punto de encuentro de ríos y valles y centro geográfico y social del valle de Liébana. Por eso, no es sorprendente pensar que su típico cocido lebaniego es uno de los platos más contundentes y deliciosos que podemos degustar durante el invierno.

Este plato incluye una sopa consistente, garbanzos con productos de la matanza del cerdo, como chorizo y tocino, seguido por cecina, relleno y berza. Al elaborar este plato, no hay que olvidar acompañarlo de orujo, un licor de elaboración tradicional en Potes, del que están plenamente orgullosos. Tanto, que celebran una fiesta anual en su honor cada noviembre.

Este orujo, de fabricación artesanal, se hace por medio de alquitaras, que destilan el caldo de las viñas de la comarca. A solo 10 kilómetros, se haya Mogrovejo, que comparte gastronomía y tradición.

El gofio de Betancuria, Fuerteventura

No solamente en las provincias más frías de España se cocinan riquísimos platos tradicionales de invierno. Los pueblos canarios de la red (concretamente, Betancuria, en Fuerteventura, Tejeda en Las Palmas, Teguise, en Lanzarote, Agulo, en La Gomera y Garrachico, en Tenerife: estos dos últimos incorporados en 2021) hacen gala de una cuidada gastronomía, exótica en algunos casos.

Quizá uno de los platos más tradicionales en este época (aunque se come todo el año) es la harina de gofia, servida con caldo, leche, agua, vino o miel.

Este alimento de harina de cereales tostados, que los locales llaman millo, se hacía con trigo o cebada hasta que los colonizadores trajeron de América el maíz, uno de los sustentos de la gastronomía en las islas. Se elabora simplemente poniendo a hervir un caldo de pescado y vertiendo la harina de gofio mientras removemos para evitar que se formen grumos. Se suele comer como aperitivo o acompañamiento.

El revuelto de rebollones de Puertomingalvo, Teruel

Enclavado en un bello entorno natural, Puertomingalvo es un precioso pueblo, rico en tradiciones y gastronomía. Su clima húmedo hace posible el nacimiento de setas de muy diferentes variedades, no solo en otoño, sino también en otras épocas del año. Por ello, uno de sus platos típicos es el revuelto de rebollones, colmenillas o setas de chopo.

También destacan sus trufas y sus tradicionales judías con morro, muy consumidas por los patudos (así se llama a los 135 habitantes que viven en este hermoso enclave) durante las épocas hibernales.

La butifarra con fèsols de Beget, en Gerona

Beget, en Gerona, recién incorporado a la Asociación, es a menudo definido como un pueblo medieval ‘de postal’. Además, su gastronomía es única y llena de matices. Su cocina es tradicional de montaña, con productos autóctonos, donde no faltan los quesos y la carne de ternera y cordero.

Encontraremos muchas recetas con la butifarra como protagonista o la longaniza, acompañados de pan de payés con tomate o con queso de oveja. Un ejemplo sencillo de hacer es  la butifarra con judías blancas, uno de los platos más típicos de la zona. Se elabora con judías salteadas con ajo y perejil, vertiendo una tacita de cava para suavizar el sabor de las judías, llamadas fèsols en la zona.

La ‘olla’ y los pastissets de boniato de Vilafamés, Castellón

El histórico pueblo de Vilafamés puede asimismo presumir de una gastronomía variada y exquisita, como su plato, llamado simplemente ‘olla’, que no sigue una única receta y que tiene como condición ofrecer al comensal productos de la zona, como verduras o morcillas, variando por temporada.

También son típicos el lagarto de cerdo a la brasa con alioli, el tombet (pollo, conejo, cordero…) o la tradicional paella.

De postre, es fácil elaborar sus pastissos (o pastissets) de boniato, que llevan limón, huevo, aguardiente de anís, mantequilla, así como boniato y canela para el relleno.

Los buchos o el pote de berzas de Cudillero, Asturias

Desarrollado en torno al mar, Cudillero es uno de los municipios más piropeados de la zona por su belleza y por seguir conservando, pese a los años, ese espíritu de pueblo de pescadores que enamora. En 2021, se incorporó a la Asociación Los Pueblos más Bonitos de España.

Esta villa marinera de casitas de colores ofrece muchos platos típicos basados (naturalmente) en pescado y productos del mar. Ejemplo de ello son sus fabes con almejas o el curadillo, un pescado que se seca al viento marino, sin salazón o especias. Tampoco faltan los buchos, unos callos de merluza algo picantes, servidos con cebolla, ajo y pimiento.

Son también populares sus oricios (erizos de mar), percebes, bugres (bogavante) o andarica (nécora), pero, si lo que queremos es revivir desde nuestra casa todo el espíritu del sabor y aroma de Cudillero con productos fáciles de encontrar, nos recomiendan preparar un tradicional pote de berzas asturiano, un plato también muy característico de este pueblo y de aquellos que lo rodean.

Las migas con vino de pitarra de Robledillo de Gata, Cáceres

Este pueblo extremeño debe su nombre a la privilegiada ubicación en la que se encuentra: La Sierra de Gata. Es un municipio de color ocre, debido al adobe de sus casas.

Rodeado de olivos, castaños y alcornoques, el aceite de oliva virgen extra, de manzanilla cacereña, se degusta todo el año. En invierno se comen especialmente las migas extremeñas, que no necesitan más que pan viejo, ajo, pimiento rojo, y seis cucharaditas del aceite de oliva, mejor si es de la zona.

En el caso de Robledillo, es tradicional acompañarlo con vino de pitarra y aguardientes.

Expreso. Redacción. A.F

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