Sin mordazas

EXPRESO - 05.05.2009

Federico Ruiz de Andrés, periodista

Todo son excusas para que el conjunto de la población modere su espíritu viajero.

A la más mínima señal de cierta adversidad meteorológica; bien sea ésta lluvia, nevada, ola de calor o rayos y centellas; tanto las autoridades responsables como un amplio corolario de medios de comunicación no escatiman sus esfuerzos para que el ciudadano de a pie se piense seriamente si ha de emprender o no su viaje.

Cualquiera diría que muchos de nuestros colegas ansían plenamente torcer las voluntades de la rasa humanidad para que se queden en casa, al abrigo de sus cuitas y parsimoniosas ceremonias cotidianas.
Un tráfico denso, un accidente aéreo, una borrasca avecinándose, un bochorno del estío, un overbooking sobredimensionado o un estornudo del vecino… todo son excusas para que el conjunto de la población modere su espíritu viajero.
Al hilo de ese insidiante ‘y lo peor está por llegar’, uno se siente abrumado y cercenado en su pública libertad de hacer lo que nuestros cuerpos nos piden; que es viajar. Que es conocer. Abrir bien los ojos para contemplar extraños horizontes. O cerrarlos para sestear en la primera u olvidada playa.
El nuevo virus ataca y no hay medio que no maneje a discreción imágenes de sujetos amordazados de boca y espíritu.
Siempre aparece la subrepticia impresión de que esto va a más y de que nadie somos si no nos acobardamos y encorvamos nuestro cuerpo y espíritu ante la presión del ambiente circundante.
Todos parecen querer decirnos que ‘buena gana, con lo bien que se está en casa…’. Y ante el ataque de los media, es tiempo de rebeldía.
El ímpetu viajero es ahora, más que nunca, necesario. Una vez que las aguas parecen encauzarse y conociendo que la pandemia no es apocalíptica, se sienten las ganas de conseguir ese boarding-pass que nos da la vida a aquellos que la apreciamos lejos del sofá.

Sin duda; por lo que nos queda por vivir, ‘lo mejor está ahí; ahora mismo’.

 

 

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