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viernes 18|10|2019

La ilusión de la I Vuelta al Mundo

Ana Bustabad Alonso, periodista

 

‘Mas saberá tu Alta Magestad lo que en más avemos de estimar e tener es que hemos descubierto e redondeado toda la redondeza del mundo, yendo por el oçidente e veniendo por el oriente.’ 

Carta de Juan Sebastián Elcano al rey Carlos I nada más llegar a Sanlúcar en septiembre de 1522, tras haber dado la primera vuelta al mundo.

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Una de las frases más bonitas de la historia. Más incluso que por la gesta que cuenta, por lo que encierra de honor, valentía y, sobre todo, de ilusión. La que llevó a aquellos hombres del siglo XVI a superar calamidades inimaginables para nosotros hoy en día. Una ilusión que fue motor en aquellos mares hostiles en los que las velas poco más podían hacer.

Una ilusión que se puede entrever en el trazado de cada una de las vidas de aquellos excelentes marineros, militares, cosmógrafos, grumetes… 247 expedicionarios de los que solo un 14% regresó a España. 18 escuálidos hombres en esa Primera Circunnavegación, ‘flacos como jamás hombres estuvieron’.

 

La expedición de la Primera Vuelta al Mundo, capitaneada por el inmenso marino español Juan Sebastián Elcano, puede desgranarse ahora detalladamente, 500 años después, gracias fundamentalmente a la ilusión, al trabajo desinteresado, inmensamente generoso, de otros españoles casi anónimos.

Si somos capaces de paladear con admiración aquellas vidas épicas y seguir punto por punto el derrotero del mayor viaje de la historia debemos agradecerlo a la ilusión, el esfuerzo y tantas horas de vida que se están dejando personas como Tomás Mazón Serrano, autor del portal Ruta Elcano; el sevillano Cristóbal Bernal Chacón, que ha transcrito innumerables crónicas originales de los protagonistas que ofrece en abierto desde su página de Facebook de Crónicas del V Centenario; o el imprescindible podcast Memorias de un Tambor, obra de José Carlos G.

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Los sones de este Tambor que divulga la Historia de España de forma amena, apasionada y honesta son melodía perfecta para acompañar cualquier viaje, y desde aquí les recomiendo encarecidamente que no se pierdan ninguno de ellos, empezando por este .

Su relato ‘La Primera Vuelta al Mundo’, su primer podcast, acompañaba mi viaje en coche esta pasada primavera desde Valladolid a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), la ciudad andaluza desde la que en 1519 partía la expedición.

Ya había escuchado varias veces el audio pero, pasada Sevilla, su final épico hizo que terminase el viaje entre lagrimones de emoción, henchida de admiración hacia aquellos hombres y de ilusión por conocer todos los detalles de esa gesta inmensa.

Desde entonces, en realidad desde la primera vez que supe de este viaje increíble, sigo intentando por todos los medios saber más y más; visitar todos los lugares relacionados con la Primera Vuelta al Mundo, charlar y aprender de los mejores estudiosos.

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Tras descubrir en Sanlúcar una ciudad hermosa y sabrosa volcada completamente con el V Centenario, el 10 de agosto de 2019, cuando se cumplían exactamente 500 años de la partida de Sevilla, me planté en Sevilla con toda mi ilusión. Y además de ver los escuetos actos oficiales acudí, como ellos, como la Armada, a rezar a la Virgen de la Victoria por las almas de aquellos valientes ancestros.

Creo firmemente que la ilusión es contagiosa y atrae a las buenas gentes. Y a mí ese día me sobraba. Para muestra, un botón. Pónganse un momento en mi pellejo: me despierto ese espléndido sábado veraniego en Sevilla, visto mi ropa preferida y me cuelgo al cuello una esfera terráquea diminuta en honor a aquellos valientes. Tan contenta iba que hasta guapa me sentía, callejeando de la mano con mi amor hacia la Torre del Oro, para homenajear tan importante efeméride.

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De camino, paramos a desayunar en la terraza el Kiosco del Barranco, en la calle Arjona, y conozco a un cachorrito de perro al que el dueño del quiosco acaba de rescatar del contenedor donde lo habían arrojado unos desalmados para morir. Pago el café y añado un pequeño donativo para que le compre un saquito de pienso.

A cambio, me llevo un abrazo tan espontáneo, inesperado y sincero que todavía se me ponen los pelos de punta de recordarlo. Lo que no recuerdo son sus nombres, pero juro que volveré a ese quiosco para devolver el abrazo y preguntar por ambos.

Por fin, este mes de octubre he tenido la fortuna de subirme a la réplica exacta de la Nao Victoria en el sevillano muelle de las Delicias –qué emoción, no dejen de buscarla en cualquier puerto o incluso embarcarse, tienen la información en la web de la Fundación-, pude visitar la exposición organizada por su Ayuntamiento al lado de la Torre del Oro y descubrir de manera especial el mítico Archivo de Indias.

Su exposición ‘El viaje más largo’ cuenta de una manera amena y precisa la historia de la Primera Vuelta al Mundo. Yo tuve la gran suerte de recorrerla de la mano de dos de sus comisarios, los sabios y sin embargo simpáticos archiveros Guillermo Morán Dauchez y Braulio Vázquez Campos. Una experiencia de auténtico lujo que no voy a olvidar y que agradezco profundamente. 

 

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Pero la muestra habla por sí misma, y es una joya por su contenido, por sus piezas originales y por su relato a varios niveles de profundidad. Si pueden, vayan a verla, está hasta el 23 de febrero en la capital hispalense.

Vayan a Sevilla y empápense de la ilusión del mayor viaje visitando los Reales Alcázares, la iglesia de Santa Ana, el Archivo de Indias, la esfera de la plaza de Cuba, paladeando una yema o un pestiño con clavo de la Confitería Rufino. Asómense al cristal roto que permite vislumbrar las antiguas Atarazanas…

Y no se dejen de ninguna manera una escapada a Sanlúcar para terminar de recargar su corazón viajero caminando por Bajo de Guía, tomando un helado con sabor a Elcano o un café en su Palacio de los Guzmanes.

Me falta 'Fuimos los primeros' que expone el Museo Naval de Madrid hasta enero y que seguro será increíble, así que se lo recomiendo desde ahora mismo y me aplico el cuento sin falta.

 

Lo mejor, quinientos años después, de aquella Primera Vuelta al Mundo es sentir la ilusión viajera en primera persona. Descubrir que lo más grande de la mayor gesta es ser capaz de reunir en derredor tantos buenos sentimientos y tantas personas buenas movidas por el hilo conductor de la ilusión.

Espero poder conocer pronto personalmente a José Carlos, a Tomás, a Cristóbal y a todos los viajeros de corazón que, movidos por esa poderosa ilusión, quieran estudiar y compartir el impresionante legado de aquel viaje.

Y es que, al final, como los viajeros sabemos bien, lo mejor de cada viaje siempre son las personas. Las que nunca pierden la ilusión.

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