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viernes 24|05|2019

La Habana, 500 años

Manolo Bustabad Rapa, periodista

Ni euforia ni derrotismo, pero Trump no puede ser el maestro de ceremonias

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Cada vez hay más cronistas que nos hablan de su piel, que nos describen una y otra vez con tono pesimista los esplendores pasados, la reconstrucción permanente, los tiempos ralentizados, reflejado en sus autos y en la parsimonia de las gentes. Precisamente ahora, Cuba atraviesa una etapa difícil como consecuencia de la crisis venezolana y del fanatismo de un sector muy definido de la población norteamericana. Trump es la cabeza visible, el animal necesario para que los cubanos residentes en el Norte, más de dos millones, con foco en Little Havana, hagan efectiva una presión constante sobre la isla. No quieren entender, o eso parece, que sólo contribuyen a fortalecer los postulados más firmes de la Revolución, que no va a dar un paso atrás. Los isleños, aunque la vida no les resulta fácil, están curtidos de tiempos peores y afrontarán también los nuevos desafíos.

La política de Obama, en sintonía con la visión renovadora de Raúl, propició un incremento notable de viajeros y de inversiones, iniciando una etapa que auguraba cambios decisivos en la economía. La Habana aceleró su renovación, como ya venía haciendo en los últimos lustros, pero esta vez con más ilusión, no en vano el medio milenio estaba al caer. Las grandes inversiones del sector turístico, hasta entonces centradas en Varadero y los Cayos, fijaron su atención en la capital, remozando los hoteles históricos, con el Nacional a la cabeza, y rehabilitando edificios emblemáticos para abrir nuevos establecimientos, como el Gran Hotel Manzana Kempinski, enfrente al Museo de Bellas Artes y al lado del Parque Central, o el Iberostar Gran Packard, en el Paseo del Prado (o de Martí). Sumados al Sevilla, al Plaza, al Inglaterra y al Parque Central, por citar algunos céntricos, constituyen un potencial asombroso de historia, arquitectura e industria turística en el corazón mismo de la ciudad.
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En Europa pocos son los que alzan la voz para denunciar los abusos de la administración americana, que, cada vez más, se acomoda en su papel de árbitro del mundo, adjudicando privilegios y castigos según sus propias etiquetas de buenos y malos. Afortunadamente, hay entidades privadas (sobre todo empresas alemanas, canadienses y españolas, éstas a la cabeza) que parecen tener clara su apuesta, invirtiendo cada vez más en la gestión y dinamización de gran número de hoteles en colaboración con los grupos cubanos, que, por cierto, figuran en los primeros puestos de las cadenas hoteleras latinoamericanas; nos referimos a Gaviota, Cubanacán, Grupo Hotelero Gran Caribe, Hoteles Islazul...
Una vez más, España está dejando pasar la ocasión, callándose institucionalmente, de liderar un movimiento europeo que se rebele contra la injusticia yanqui hacia Cuba. Las razones para ponerse incondicionalmente al lado del pueblo cubano son múltiples y poderosas, históricas, culturales y sentimentales. Éste es un año de conmemoraciones. Primero, de los 500 transcurridos desde la fundación de La Habana, de los cuales, por cierto, nada menos que 380 fue española. Los 120 restantes (por redondear, ya sabemos que fueron 379 y 121) se dividen en dos etapas de 60 cada una, no hay que olvidar que este año es también el sesenta aniversario de la Revolución.
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Pues bien, en el primer período, entre 1898 y 1959, Cuba no pasó de ser un juguete de los EEUU, manejada por dirigentes títere para solaz de la élite yanqui. Ahora vuelven a la carga como si quisieran resucitar el movimiento anexionista decimonónico, sin tener en cuenta que la más importante referencia para la población, y así también lo defendió Fidel, sigue siendo Martí, quien en 1894 alertaba a los cubanos que simpatizaban con la idea de anexión de la Isla a los EEUU, en un artículo titulado 'La verdad sobre los Estados Unidos'. En el último párrafo ponía de manifiesto: "...las dos verdades útiles a nuestra América: el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos y la existencia, en ellos continua, de todas las violencias, discordias, inmoralidades y desórdenes de que se culpa a los pueblos hispanoamericanos". ¡Qué visión anticipada de Martí sobre la política de manipulación e injerencia desarrollada por los norteamericanos, desde el Río Grande hasta la Tierra del Fuego, durante todo el siglo XX!. El XXI va por la misma senda. Sobre ello se debería reflexionar más, a un lado y otro del Atlántico.
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Abril del 2019