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sábado 24|08|2019

Gastronomía canaria, a ver si nos mojamos todos

Ana Bustabad Alonso, periodista

Atún rojo, cochino negro; rones y mieles de Tenerife y, por supuesto, plátanos, han sido algunos de los ingredientes canarios utilizados en el III Certamen Nacional de Gastronomía, que se ha celebrado este mes de septiembre en la localidad tinerfeña de Adeje, coincidiendo con a la primera edición de Culinaria Tenerife. No son los únicos representativos del archipiélago. Los famosísimos mojos canarios, mucho más sabrosos y variados de lo que suele llegar al turista.

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Así nos lo contaba este pasado viernes el cocinero Rogelio Quintero en un aula gastronómica sobre ‘La cocina canaria en los hoteles’, en la que además de presentar una veintena de variedades de mojos artesanales, animaba a los profesionales a implementarlos en sus cocinas.
Unos y otros, ingredientes y mojos, insuficientemente representados en la cocina de hoteles y restaurantes de las Islas Canarias, por los que pasan millones de turistas internacionales y nacionales cada año.
Bien es cierto que los sistemas de producción y elaboración de alimentos, así como la precariedad creciente en los equipos de personal en el sector, favorecen la uniformidad en la oferta gastronómica de la hotelería; y la proliferación de sistemas ‘todo incluido’ contribuye a arrasar con restaurantes de comida tradicional dentro o fuera de los complejos turísticos.
Pero desde aquí quisiera romper una lanza a favor de la gastronomía canaria y, especialmente, de los sabores de Tenerife, tan desconocidos como magníficos y sorprendentes.
O, mejor dicho, dos. Una, para que ‘se mojen’ [hablando de mojos] os responsables de diseñar menús y buffets apuesten por integrar ingredientes y recetas autóctonos, supondrán una primera toma de contacto para sus clientes, y seguro verán mejorada su experiencia.
Otra, para que esos turistas, viajeros de aquí y de allá que llegan al archipiélago canario, salgan de sus hoteles a mojarse una y otra vez, en busca de sabores realmente auténticos. Aprovechen que los precios de los vehículos de alquiler y del combustible son mucho más económicos que en otros lugares, y salgan sin miedo a explorar la isla.
Hay vida más allá de las insípidas ‘papas con mojo picón’ [¿qué es exactamente el mojo picón?] que abundan por doquier. Un escaldón de gofio del señor Juan, que nos cocinaba esta semana en una maravillosa casona de San Miguel de Abona, o unos vinos de uva Baboso negra de los Altos de Trevejos, les aseguro que merecen por sí solos el viaje.
O un pulpo guisado a la manera tinerfeña, o los excelentes quesos canarios (el Flor de Guía de Gran Canaria no se olvida), o un plato de carne de cabra que aquí se prepara como en pocos lugares. O un simple barraquito, que aquí hasta el café tiene nombre propio, y sorprende. A ver si nos mojamos, y nos remojamos todos.
Expreso. Adeje, Tenerife. Ana Bustabad.
      

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