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lunes 23|09|2019

No busquen las siete diferencias, solo hay una

Ana Bustabad Alonso, periodista

Ahí van unas cuantas ciudades de la Península Ibérica, sobre las que les propongo un pequeño juego:

lisboa_oficina

Lisboa: capital portuguesa, más de un millón de habitantes en el área metropolitana y miles de turistas anuales. La semana pasada, sin ir más lejos, era casi imposible encontrar alojamiento aquí, saturada de viajeros gastronómicos y aficionados al fútbol.
Coimbra: ciudad estudiantil por antonomasia, la de los tunos portugueses, preciosa y desconocida aún por muchos. Merece la pena el viaje, de verdad, y aeropuerto no tiene.
Valladolid: capital de facto de Castilla y León y de una provincia bonita a rabiar, poco más de trescientos mil habitantes y el doble de turistas que la visitan cada año. 534.339 residentes en España y 124.459 residentes en el extranjero en 2015, según el INE (Instituto Nacional de Estadística). La mayor parte del año el único enlace desde su aeropuerto es la ciudad española de Barcelona.
Burgos: ciudad medieval, cabeza de Castilla, hermosa y señorial, con una catedral que quita el hipo y una gastronomía excelente regada con vinos de lo mejorcito del mundo. Su aeropuerto se ha quedado sin vuelos, y su céntrica estación la han dejado morir a cambio de una nueva en medio de la nada.
Vitoria: capital verde, una de las ciudades españolas más innovadoras en los últimos años turísticamente hablando, 246.042 habitantes según su padrón municipal, y 133.381 visitantes que pasaron el año pasado por su oficina de turismo.
San Sebastián: Capital Europea de la Cultura 2016, una de las ciudades más bonitas del norte español y afamada por su gastronomía, cuenta con un plan de Estrategia 2020 que busca tener carácter internacional. 
Hay más, como Guarda, Salamanca o Miranda de Ebro, entre otras localidades, pero no tengo tiempo ni ganas de ampliar una muestra que me parece significativa tal cual.
Hasta aquí, por supuesto, todo subjetivo [para eso esto es un artículo de opinión de la que firma], excepto los datos.
Ahora, adivinen qué une a todas estas ciudades peninsulares y yo les contaré qué las separa.
cartel_apolonia
Si son lectores habituales de este diario y viajeros avezados, habrán descubierto enseguida que lo que une a estas ciudades es el recorrido de uno de los trenes más especiales y míticos de la compañía RENFE - que lo despojó hace meses de su coche restaurante, en donde poder cenar mientras se viaja tranquilo-, en colaboración con Comboios de Portugal, que pone el personal y el cariño [obrigado].
Mejor dicho, dos trenes: el Surexpreso, que une la frontera franco-española con Lisboa, antaño desde la mismísima Londres; y el Lusitania, que hace lo propio entre Madrid y la capital portuguesa. Ambos, se lo digo por experiencia, mucho más utilizados por viajeros internacionales de terceros países.
Y ambos, de los poquísimos trenes expresos nocturnos que subsisten en esta ingrata piel de toro, donde deberían ser la ‘joya de la corona’ y sin embargo se ven relegados a todos los niveles en esta cultura pseudoviajera de AVEs y estaciones reconvertidas en magnos y asépticos centros comerciales.
Desvelado el misterio de la unión, ahí van las diferencias, que no son siete, sino una fundamental que retrata el interés político por el turismo –o la competencia de sus técnicos turísticos, lo mismo me da- de cada una de estas ciudades, y se demuestra así:
Valladolid. Su ‘Cómo llegar’ remite a Google Maps, que por lo visto desconoce estos trenes. Y la principal oficina de Turismo municipal se encuentra muy cerca de la estación, pero a la hora dellegada del Surexpreso la verán cerrada a cal y canto, ya se lo digo yo.
A las ciudades reseñadas a continuación no he tenido el gusto de llegar en Surexpreso ni en el Lusitania, así que me he basado en las informaciones de sus portales web, y en la experiencia que me dice que es complicadísimo encontrar una oficina de turismo pública española abierta a horas intempestivas y, si alguien me lo puede rebatir, adelante:
San Sebastián: Explica en detalle en su web los trenes regionales, e incluso los procedentes de la vecina Francia, pero ni una mención a Portugal ni al Surexpreso, ni siquiera información en portugués.
Vitoria. A pesar de que potencia el tren como medio de llegada de viajeros, incluso con ofertas de paquetes turísticos, y a pesar de que su aeropuerto de Foronda se está planteando vuelos a Lisboa, en su web se dirige solo al público nacional, sin tener en cuenta en lo más mínimo a los viajeros portugueses y/o procedentes de Lisboa o Irún-Hendaya. Sus oficinas de turismo abren a las 10h.
Burgos. Cómo llegar: ni se menciona en la web al Surexpreso, pero sí figura Lisboa como uno de los destinos ferroviarios. Algo es algo, aunque le hayan cambiado el género a Santa Apolonia. 
Coimbra. Una web en cinco idiomas informa al viajero de la existencia de trenes internacionales, aunque se olvidan de Madrid como punto de partida.
Madrid. Esta sí, gran ciudad como Lisboa, la capital española indica en su web que se puede llegara bordo del Lusitania, aunque la página no está disponible en portugués. Y no esperen en la estación de Chamartín un puesto de Turismo abierto a eso de las 08.40h, que es cuando llega el tren de Lisboa.
 
Y así lo reciben en Lisboa
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07.30 horas de un jueves [quinta feira] cualquiera. Elegante y orgulloso, el convoy Talgo Lusitania-Surexpreso hispano-luso llega puntual a su cita diaria en la céntrica estación de Santa Apolonia, tras haber cruzado media Península Ibérica desde Irún y Madrid, la mayor parte de su trayecto por tierras españolas.
De la vía número 3, numerosos viajeros internacionales descienden recién despertados al andén principal, donde tiene una de sus oficinas de atención al público Turismo de Lisboa.
Durante las siguientes dos horas -apenas amanece-, una profesional muy competente los atiende en español, inglés, francés y seguramente en algún idioma más. Da gloria verla. Horario de apertura de la oficina, de martes a sábados, desde el mismo instante de la llegada del Surexpreso-Lusitania, el único tren internacional que alcanza actualmente a la capital portuguesa.
Y, todo hay que decirlo, no he encontrado en la web de Visit Lisboa ni una referencia a estos trenes. Quizá Lisboa esté a punto de morir de éxito en cuanto al turismo se refiere, pero lo que es indiscutible es que trata de lujo a los viajeros que llegan aquí, desde que ponen el pie en el andén. Y todos sabemos que, incluso en este siglo XXI, la recomendación de un viajero mimado es una poderosísima razón para elegir destino.
lisboa_terreiro

 

      

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