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lunes 25|09|2017

TINTÍN descifrado-stop-código: SCOUT

Juan Antonio Espeso González, ASDE - Exploradores de Castilla y León
 

Dos de las mentes más creativas del siglo XX se ponen estos días al servicio de Tintín para darle vida en la pantalla en ‘El secreto del Unicornio’. Es conocido el agradecimiento que siempre ha sentido Spielberg por su época Scout y cualquier tintínófilo conoce la enorme influencia que el periodo Scout de Hergé (creador de Tintín) tuvo en su vida y en la génesis y desarrollo de su personaje. ¿Qué aporta la clave SCOUT al universo de Tintín? ¿Qué queda hoy de aquel código?

Indiana Jones y Tintín tienen parecidos antecedentes y semejanzas ocultas. Stephen Spielberg y George Remí (Hergé), tienen cosas en común además de su desbordante imaginación y talento o su capacidad para conectar con el niño que todos llevamos dentro. Ambos han expresado en infinidad de ocasiones su sentimiento de gratitud hacia una etapa de sus vidas en la que la fantasía, las aventuras y la camaradería les ayudaron a ser quienes luego fueron. Los dos vistieron al cuello en su infancia la pañoleta que distingue a los Scouts en sus actividades. Ambos hicieron sus pinitos en sus respectivos artes en actividades Scouts.
En la obra del director norteamericano son varios los guiños que hace a aquella etapa feliz de su vida. Su más conocido aventurero se llamó ‘Junior’ antes que ‘Indiana’ y ya por entonces vivía en la realidad los viajes y andanzas que más de 28 millones de niños y jóvenes han vivido enfundados en ese uniforme desde 1907.
Con aquella famosa escena de apertura de su tercera entrega el director nos hacía saber cuánto debía su personaje, igual que su autor, a haber sido Scout cuando muchacho. De hecho hasta hace poco Spielberg ha seguido estrechamente vinculado a la asociación scout americana formando parte de algunos de sus órganos directivos y ha aprovechado cualquier ocasión que se le brindaba para dar su expreso apoyo a este movimiento educativo centenario.
Mucho más marcada si cabe fue la influencia que tuvo en el creador de Tintín haber sido Scout cuando joven. Reconocida siempre con orgullo por Hergé su vida Scout fue la que le hizo elegir el que luego sería su modo de vida. Gracias a esta decisión y a aquellas vivencias disfrutamos hoy de las aventuras del famoso periodista.
Antes de llamarse así, Tintín fue Totor, un Scout que vivía aventuras y viajaba por el mundo en un entrenamiento del que luego nacería el personaje universal. Con él Hergé entrenó su habilidad con los lápices y los guiones, perfeccionando su técnica y aprendiendo los fundamentos de su arte. Empezó a hacerlo en la revista del movimiento en Bélgica mientras aun vestía la flor de lis en el uniforme Scout.
La base de Tintín es inconfundible en el personaje. Un joven reportero Scout que viaja por el mundo corriendo aventuras. Pero no solo hay semejanzas en el trazo. El código de valores que alimentan sus andanzas está claramente inspirado en la misma Ley Scout que se comprometen a esforzarse en cumplir muchachos y muchachas de todo el mundo desde hace mas de cien años: Alegría en la dificultad, responsabilidad, disposición de servicio a los demás, amistad, internacionalismo cosmopolita y sentido de hermanad universal... y en su lema de ‘estar siempre preparados’ para lo que sea.
Totor, guía de la patrulla de los abejorros (para ‘United ROVERS’), supone en la carera de Hergé un primer paso hacia la seriedad y la madurez profesional, y para el futuro Tintín un embrión que aun tiene que terminar de perfilarse pero que ya casi está terminado.
En su obra son incontables los cameos a su pasado Scout. Pequeñas escaramuzas en forma de broma o flashback que nunca intentó esconder. La viñeta final de la primera aventura de Tintín es un auténtico ‘Donde está Wally’ en el que se pueden encontrar no menos de 9 Scouts.
Y si en aquella le iban a esperar a su regreso de tierras lejanas en la primera plancha de su segundo cómic le van a despedir en su salida hacia una nueva aventura.
Podemos ver muchos más Scouts en su obra como homenaje y recuerdo icónico a su infancia en otras viñetas como por ejemplo entre la muchedumbre curiosa que se reúne frente a la entrada principal del Castillo de Moulinsart cuando se avecinan acontecimientos en ‘El asunto Tornasol’.
A su pasado Scout Tintín le debe por tanto gran parte de su magnética personalidad. Esa insaciable sed de viajes, nuevos conocimientos, lugares y personas, su valentía y predisposición a ayudar al débil, la lealtad para con los suyos y su cierta ingenuidad, cortesía rayana en el ridículo, sentido del deber y de la palabra dada que a muchos niños y jóvenes parece hoy lejana u obsoleta.
Pero ¿qué aporta a la vida de una niña o un joven el haber sido Scout para que marque de esa manera?
En un momento en que los Scouts de España celebran el centenario de la realización de sus primeras actividades en nuestro país cabría preguntarse por las causas de tal longevidad y las razones del éxito de una forma concreta de crecer y educarse mientras otros formatos han ido muriendo en ese camino. Y la respuesta, en caso de ser una sola, no reside tanto entre las que llevaron en 2007 al comité del Premio Nobel para la Paz a incluir al Movimiento Scout entre los finalistas, o en la inacabable pléyade de personas famosas que han pasado por sus actividades sino sobre todo en la diversión y la alegría con que quienes han pasado por sus juegos y acampadas recuerdan aquellos tiempos, sus reuniones y las noches con las estrellas como cielo. En una forma de crecer viviendo aventuras y fantasías ambientadas en mundos lejanos junto a sus amigos y amigas, pero sobre todo en la vivencia y experimentación de un alto grado de compromiso voluntario con un código de valores libremente elegido.
      

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