A contracorriente: ‘Gallego’

EXPRESO - 17.07.2009

Manuel Bustabad Rapa, periodista

Me parece absurdo ofenderse por algunos equívocos, aunque vengan de la mismísima RAE...

Manuel BustabadEl altísimo nivel de las comunicaciones actuales puede proporcionarnos (hay que desbrozar, claro) información de tal calidad y en tanta cantidad, que me parece absurdo ofenderse por algunos equívocos, aunque vengan de la mismísima RAE de la lengua.

        Leemos en La Voz de Galicia de 9/7/09 (portada, contraportada y pag. 52) que hay mucha gente enfadada y preocupada debido al tratamiento dado por este organismo a la palabra ‘gallego’. Sus sinónimos, ‘tonto’, en Costa Rica, que según parece se elimina en la próxima edición del diccionario, o ‘tartamudo’, en el Salvador, obviamente se han incluido en su momento porque existe o existió algún uso de esas acepciones en dichos lugares. Si ya no se utilizan, al menos en los ‘mínimos requeridos’, pues se quitan y ya está. Si más adelante se le da otro significado, lo lógico es que se mencione en su entrada llegado el momento oportuno.

La RAE de la lengua debe de tener método y criterio para suprimir o incluir. Y está claro que sus mecanismos no pueden activarse precipitadamente, han de adaptarse al ritmo de evolución del idioma. Lo que parece improbable es que un académico se dedique a buscar el sentido ofensivo de algún vocablo, o se niegue a una rectificación, sólo por molestar. Por ello, está claro que los citados son o fueron usados en mayor o menor medida y el diccionario lo anota (es mero notario) para que quede constancia.
Volviendo al principio, efectivamente, somos afortunados de vivir en un momento en que la conexión entre los pueblos (y entre las generaciones) destroza los tópicos y pone en su justo valor a la persona, a cada persona. A nadie se le ocurre considerar serio que gallego sea sinónimo de ‘tonto’, catalán de ‘tacaño’,vasco de ‘bruto’, o español de ‘facha’, que son los ejemplos citados por uno de los colectivos afrentados. Son de tal simpleza que no pueden ultrajar.
Si, de todos modos, no se comparte esta forma de verlo, parece más apropiado gastar las energías en informar a los costarricenses qué y quienes somos los gallegos, explicar a los salvadoreños que no todos tartamudeamos y, con ayuda de un mapa, hacer ver a los rioplatenses las distintas zonas de Iberia.
Y, ya puestos, recordemos que, hace más o menos un siglo, otra significación de gallego en germanía (la jerga de los ladrones y rufianes) era ‘roñoso, avaro’. Que dejó de usarse, pues eliminado. Y bien olvidado está. Pero, por favor, sin rencor y sin complejos.
Con esto dos cosas tengo claras: que nuestro idioma sigue dinámico y los gallegos también.

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