POCO MáS DE DOS HORAS EN MANAGUA

Poco más de dos horas en Managua

Texto y fotos: Federico Ruiz de Andrés y Ana Bustabad Alonso

‘Managua no tiene más que un par de horas’, que diría nuestro amigo Tim, periodista norteamericano. Él, sin embargo, se enamoró de este país ‘que tiene mucho más’. Tanto, que se quedó a vivir en Nicaragua hace una década y ya se siente ‘más nica que gringo’.
Es verdad, Managua no reúne los atractivos que espera encontrar el viajero en la capital de un país como este, el más extenso de Centromérica. No tiene el encanto colonial de Granada o León, ni los magníficos hoteles de la costa pacífica o los paisajes casi inexplorados del Caribe. Pero antes de juzgar a esta ciudad deslabazada, punto de entrada y salida para el resto de Nicaragua, merece que le dediques al menos esas dos horas. Si las tienes, no te quedes en el hotel pensando que no encontrarás nada que ver.
A pesar de que su población supera el millón de habitantes, aquí no hay edificios altos. Palmeras, arbustos, prados frondosos y muchas otras plantas hacen de Managua una inmensa zona verde, especialmente en la época de lluvias, y no es raro ver alguna oveja pastando en solares sin edificar.
Sobre todo, lo que llama la atención a primera vista es que Managua no tiene casi ‘centro’, como lo entendemos habitualmente.
Por mucho que busques, no lo encontrarás. Pero sí descubrirás lugares interesantes que merece la pena visitar.
La culpa de esta estructura urbana atípica la tienen los terremotos de 1931 y 1972, que la destruyeron casi completamente y la dejaron también sin arquitectura colonial.
Esta extraña capital no se puede entender sin el agua que la rodea y se entremezcla con su tejido urbano. Además del lago de Managua, en la ciudad hay cuatro lagunas.
La de Asososca es la fuente más importante de agua potable de la ciudad, así que su acceso está restringido, pero se ve desde el parque de Las Piedrecitas, en la salida sur.
Muy cerca está la laguna de Nejapa, tan poco profunda que alguna vez se ha evaporado completamente a causa del calor. En sus orillas encontrarás restaurantes con buenas vistas. La tercera laguna es la de Acahualinca, también pequeña, situada cerca del lago de Managua.
Una zona muy verde es el Parque Histórico Nacional de las Lomas de Tiscapa, al norte de la laguna del mismo nombre, la más céntrica de todas.
Desde aquí verás algunos puntos clave, como la Catedral Vieja y la Catedral Nueva, el fantástico paisaje que forma el lago de Managua, o el volcán Momotombo, ese ‘cono gigantesco, calvo y desnudo, y lleno de antiguo orgullo triunfal’, al que cantaba Rubén Darío, el poeta nacional.
Una gigantesca silueta de Sandino, líder de la Revolución nicaragüense, preside el centro de este mirador, donde estaba el antiguo palacio presidencial, y donde ahora vienen a pasar la tarde muchos managüenses.
Nicaragua se está preparando en los últimos años para el turismo, pero uno se da cuenta enseguida de que aquí nada es artificial.
Curiosamente, la parte potencialmente más turística de Managua es la que da más sensación de inseguridad de todo el país, como suele ocurrir en las grandes urbes. Pero basta observar las precauciones básicas y no llevar objetos de valor a la vista.
La mejor manera de moverse por la ciudad es en taxi. No llevan taxímetro, así que antes de subirse hay que preguntar al taxista el precio de la carrera. Pídele que te lleve primero a la Plaza de la Revolución, donde están la Catedral Vieja, el Palacio de la Cultura, un monumento a Rubén Darío y la Casa Presidencial.
Es el llamado Centro Histórico. En realidad se trata de una gran explanada de asfalto rodeada por estos monumentos.  A diario permanece casi desierta, pero los primeros sábados de mes hay aquí una feria de artesanía, y también se celebran fiestas nacionales y mítines multitudinarios. En las esquinas verás cartelones de propaganda del partido sandinista, actualmente en el Gobierno.
Inaugurada como Plaza de la República hace más de sesenta años por el general Anastasio Somoza para conmemorar el centenario de Managua, su imagen dio la vuelta al mundo el 20 de julio de 1979 con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista, que cambió su nombre por el de Plaza de la Revolución.
      

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