UN FIN DE SEMANA EN LEóN, CAPITAL DEL VIEJO REINO

Un fin de semana en León, capital del Viejo Reino

Texto y fotos: Luis D. Martínez Álvarez

 
‘En argen, león, contemplo
Fuerte, purpúreo, triunfal,
de veinte santos exemplo
Donde efta el único Templo
Real y Sacerdotal
 
Tuvo veinti quatro Reyes,
Antes que Castilla leyes;
Hizo el fuero fin querellas;
Libertó las cien donzellas
de las infernales Greyes.’
 
Quintillas
‘Glorias anónimas de la Ciudad’
 
Este año León está de celebración, 1100 años desde que García I trasladara la capital de su reino a León allá por el 910. Y es que los leoneses llevamos muy dentro nuestro Reino, orgullos de eso: de ser leoneses.
Si me permites, amigo lector, déjame organizarte un fin de semana en mi ciudad que, como dice esa página de facebook: ‘Yo no elegí nacer en León, simplemente tuve suerte’.

Cuando el viajero llega a León lo primero que se encuentra es a un Guzmán el Bueno desafiante y arrogante, señalando desde su pedestal, que quien no esté a gusto en León por ahí se va a la estación. León es así, te gusta o no te gusta, blanco o negro, frío en invierno, fresco en verano.
Estás ante una ciudad bimilenaria, que se creía fundada por la Legio VII gémina, pía, félix aunque los nuevos estudios atribuyen su creación a la Legio VI Victrix en el año 29 a C. En cualquier caso la ciudad de León, tiene un claro origen romano.
Pero estás ante una ciudad capital de uno de los Reinos más antiguos de España, la única ciudad que ha dado un imperio con Alfonso VII el Emperador. Cuna de las primeras cortes democráticas del mundo allá por 1.188 en dónde los leoneses se otorgaron unos derechos impensables para el resto de los habitantes de Península Ibérica.
Por ello, lo primero que tiene que tener en cuenta el viajero cuando llega a León, es que León es León, no es Castilla, sus habitantes no son castellanos ni se sienten como tal. En ese sentido el Estatuto de Autonomía habla de ‘Castilla Y León, una comunidad histórica y cultural que tiene su origen en los antiguos Reinos de León y de Castilla’. Así que si no quieres que te suelten un bufido procura no llamarlos castellanos. Primera lección.
Hará unos meses estaba en la cafetería de un hotel leyendo el periódico y entraron dos peregrinos preguntando qué había que ver en León. El camarero, tan gañán como atento, les espetó que salvo la Catedral y San Isidoro, nada. Cuán osada es la ignorancia.
Digamos que llegas a León un viernes por la tarde. Tras pasar por el hotel comienza tu periplo. Un viernes tarde-noche es para disfrutar de una ciudad tranquila y acogedora. Sin apenas problemas de seguridad ciudadana.
Un primer paseo al centro de la ciudad, donde se encuentra la vetusta fuente de Santo Domingo y su reloj, un clásico de las citas de los leoneses. Es este reloj un el lugar de encuentro, de quedada, testigo de amores y desamores, de amigos, de encuentros y desencuentros.
Es, en definitiva, testigo mudo de la vida anónima de los leoneses. Al lado del reloj, la Iglesia de San Marcelo, patrono de la ciudad, en la cual se encuentra el Cristo de los Balderas de Gregorio Fernández.
Al lado, la plaza de San Marcelo, más conocida como plaza de las palomas, tomada por jubilados que ven pasar el día al sol. Los lunes, pero también los martes, los miércoles y todos los días de la semana, y en Semana Santa por chavales con sus palmas, con Botines como fondo o en el Corpus por chicos y chicas vestidos de traje de primera comunión.
      

Enhorabuena

Estupendo reportaje Luis.
Corroboro la visita a la Catedral y dejarse llevar. Yo pasé allí tres horitas que hasta se me hicieron cortas.
Y las tapas...... buenísimas doy fe

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