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Elipsos: viajar de noche en un tren cinco estrellas

Texto y fotografías: Pilar Alonso Canto

Falta poco para que amanezca. Mientras algunos viajeros bajan silenciosos del tren, el aroma de las bandejas de croissants calientes se abre camino hacia los vagones blancos y morados del Elipsos. Son las seis menos cinco de la mañana en la estación francesa de Poitiers.

En pocos minutos, el trenhotel continúa su camino hacia la eterna París. Pocos kilómetros antes se detendrá aún en Blois y Orléans, a orillas del río Loira. Un Valle, el del Loira, que invita al viajero a perderse entre castillos de cuento y paisajes Patrimonio de la Humanidad.

Castillo de Villandry, en el Valle del Loira 

Sólo algunos permanecen despiertos en sus cabinas. El resto descansa aún, despreocupado. Una llamada de teléfono despierta a cada viajero justo a tiempo para la ducha matutina, ese lujo privado del que gozan en todos los compartimentos de gran clase.

Los interventores en ruta, personal con el que Renfe posee un tesoro, velan durante el viaje para que sea perfecto. Una escapada al pasillo, coincidiendo con cualquiera de ellos, puede ser una excusa para una charla de lo más agradable.

Vagón restauranteÉsa que suele estar inspirada por aquellos tiempos en los que el viaje, en la noche ferroviaria, trascendía más allá de nuestra cotidiana existencia.

Sin embargo, el trato excelente del personal bilingüe no es lo único que sorprende a bordo. Todo comienza la noche anterior, con una cena especial en la que se cuida cada detalle.

Manteles de lino marfil, sobremanteles de color arena y unas ramitas de canela decoran las mesas del restaurante.

El tren Elipsos aminora un poco su marcha habitual de entre 160 y 200 kilómetros por hora para que los comensales disfruten aún más.

Aperitivo, una selección amplia de bebidas, y una carta bien pensada que varía en honor a los viajeros frecuentes.

Detalle de un platoDifícil no quedar satisfecho con la cena. Impresionante por bien elaborado y por suave el pastel de tres verduras en capas sobre fondo de romesco, una salsa picante con tomate y almendras. No menos la tarta de chocolate con salsa de frambuesas del postre.

Si la comida ha sido agradable, la sobremesa puede prolongarse hasta las dos de la madrugada. La única desventaja, para los fumadores, es que ha de hacerse sin saborear un cigarrillo, ya que está prohibido fumar en todo el tren.

Los viajeros de gran clase llevan la cena incluida en el precio del billete. No así el resto, que hará bien en reservar uno de los dos turnos, para no perderse las delicias que preparan al momento los cocineros de Des Wagons Lits.

Estación de ferrocarriles de OrleansDe hecho, el tren Elipsos tiene una gama muy amplia de precios y categorías. Desde los 67 euros de la tarifa Mini en butacas superreclinables, hasta la más cara de un compartimento individual de Gran Clase, pasando por las de clase Turista o los vagones de Preferente.

Todas tienen en común el encanto y la comodidad de viajar de noche, mientras se duerme; lo que ahorra, además, dos noches de hotel en destino.

En los departamentos del tren pueden viajar también animales, siempre que vayan en transportines adecuados.

Los Elipsos son trenes nocturnos internacionales que unen España y Francia desde 1996. Hoy, los pequeños vagones Talgo son la joya de la corona de una sociedad que administran conjuntamente Renfe y la SNCF.

Detalle de la cabina de Gran ClaseAdemás de su propia web, que contiene toda la información sobre trayectos, tarifas y reservas, Maison de la France ha editado una guía muy completa sobre los destinos de Elipsos.

Lo mismo da que el destino sea un fin de semana gourmet en París o visitar los 1.100 castillos de leyenda del Valle del Loira; descubrir el mundo que viene en Futuroscope o soñar en Disneyland.

Los viajeros pueden elegir entre cuatro rutas diferentes, con veinte destinos en otras tantas ciudades de España, Francia, Suiza e Italia.

Todos los trenes llevan el nombre de un pintor español. En los Francisco de Goya, Joan Miró, Pau Casals y Salvador Dalí se desayunan diariamente cientos de cafés, tés, pasteles de hojaldre y chocolate, croissants y un zumo de naranja, que de ser natural, completaría el despertar perfecto.

Con permiso de los antiguos coches-cama que van desapareciendo poco a poco de Europa, a los que las habitaciones del Elipsos superan en comodidad, pero no en encanto y detalles -los dos asientos separados en las cabinas no invitan precisamente al abrazo-, éste es un tren ideal para una escapada romántica.

Cena en el restaurantePrensa diaria, agua mineral y un pequeño pero completísimo neceser en las cabinas, o aparcamiento gratuito en algunas estaciones, son detalles que hacen del Elipsos, además, una elección de lujo por pocos euros.

Un fin de semana de ciudad a ciudad. La mejor alternativa a los cada vez menos glamurosos aeropuertos.

Agradecimientos:

Trenhotel Elipsos

Región de Turismo del Valle del Loira