SABORES
 
sábado 24|08|2019

Descubre la medina de Tánger con los cinco sentidos

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PARA ESCUCHAR
El sonido más característico de la medina es la llamada del muecín a la oración. Cinco veces al día, desde el amanecer, escucharás su sonido hipnótico.
También las campanas de la iglesia de la Inmaculada, porque la de Tánger es la única medina del país que cuenta con un templo católico en su interior.
A cada paso por estas calles estrechas te acompañará el sonido el agua. Aquí es un bien preciado y, aunque cada casa cuenta con suministro propio, las fuentes públicas continúan siendo un lugar de encuentro, a veces con la excusa de lavar grandes alfombras.
Junto al Museo de la Kasbah se encuentra el Centro de Música Árabe-Andalusí. Lo reconocerás fácilmente porque te atraerá el sonido de las cítaras y otras notas. Entra sin miedo y podrás deleitarte con su exposición de instrumentos antiguos y mantener una charla interesante en español.
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PARA MIRAR
Una de las estampas más clásicas es la llegada del barco desde Tarifa, que todavía atraca en el puerto viejo de Tánger, porque la mayoría de los navíos lo hacen ya en el nuevo Tanger Med, a casi una hora de la ciudad.
Matisse, un pintor que hizo suyos los colores de la medina, cuenta ya con un itinerario turístico por estas callejuelas que le sirvieron de inspiración. No te pierdas su vista preferida, la bahía desde su habitación 35 en el hotel Ville de France.
En otro alojamiento mítico, El Minzah, seguramente el mejor de la ciudad, te esperan los escenarios que sirvieron para rodar ‘El cielo protector’, adaptación al cine de la obra de Paul Bowles, que vivió aquí hasta su muerte.
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Disfruta de los púrpura intensos de las buganvillas y adelfas junto al palacete donde vivía la millonaria americana Barbara Hutton, en la rue Escalier Sidi Hosei.
Y de los colores de las telas que aquí se venden en cada rincón. Telares de madera, costureros en pequeños cuchitriles asomados a la calle y miles de matices brillantes en sedas, algodones, lino… la tentación está servida.
Nada más salir de la medina, toma un petit taxi, que en Tánger son de un vivo turquesa, y desplázate a las afueras, hasta el cabo Espartel, asomado al estrecho de Gibraltar. Si el día está despejado verás nítidamente la costa española.
Dentro de la ciudad, dos miradores imprescindibles: el ‘de los perezosos’, junto a la plaza de Francia, en la parte nueva, donde gustan de pasar la tarde muchos tangerinos; y la terraza que hay justo debajo del Petit Zoco, con sus cañones de todas las nacionalidades sobre el puerto viejo.
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El norte de Marruecos es un mundo no por cercano conocido en profundidad que guarda rincones y secretos solo hay que saber mirar. La internacional Tánger decadente y moderna, mundana y clásica...difícil no caer en la tentación

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