EDICIÓN LIMITADA
 
jueves 28|08|2014

La Semana Santa de Valladolid en siete iglesias del centro

Texto y fotos: Federico Ruiz de Andrés
Muchos han llegado a definir la Semana Santa de Valladolid como una de las principales exposiciones de imaginería religiosa y fervor público del mundo. Y en verdad podemos contarla como toda una manifestación que conjuga la exaltación de lo religioso con una representación eminentemente artística, digamos parateatral.
paso
Estos días dan a los creyentes un motivo de reflexión. Al resto les ofrece una posibilidad, sin duda única, de ver la ciudad recorrida por unas imágenes que el resto del año descansan en museos, en iglesias o en conventos, alejadas de unas calles que ya saben de primavera.
La Semana Santa también ha contribuido en Valladolid a configurar una determinada manera de ser, un modo de comportamiento de sus vecinos. Así, son muchos los que ven estos días reflejarse durante el resto del año en el comportamiento ciudadano, en la manera de asistir a actividades, en su introspección, en su fervor interior, o en la manera que aquí se tiene de reverenciar el teatro. Culta Valladolid, ávida de escena, necesitada de plasmar la Pasión en los escorzos trazados por gubia y cincel.
La dramaturgia de la Semana Santa de Valladolid llega hasta las vanguardias teatrales de los años 60 y 70 del pasado siglo. Así se habla de que fueron muchos los actores y directores quienes viajaban a Valladolid para descubrir las obras de la imaginería castellana del XVII, a descifrar sus secretos, a tomar apuntes de su expresividad y aplomo, para poder trasladar su mensaje desde la madera a la escena.
La Semana Santa ha sido recientemente definida en Valladolid como ‘el espíritu de un pueblo que ha hecho del dolor escuela de aprendizaje y que encuentra en el Misterio el triunfo final y definitivo de la vida’. Muerte y vida, la danza de la muerte. Qué mejor argumento para estas fechas.
Todos destacan que su historia se inicia en el remoto siglo XV, que su periodo de oro fue el de los siglos XVII y XVIII. Apenas media docena de Cofradías eran sus protagonistas. Después de innumerables avatares, la Semana Santa de Valladolid, como hoy se conoce, es fruto del trabajo del Arzobispo Gandásegui. En los años 20 decidió impulsar la recuperación de sus pasos, de su restauración, así como la constitución de nuevas Cofradías.
Diecinueve son las Cofradías que hoy se cuentan en Valladolid. La más antigua, de 1498, la de la Santa Veracruz. También de finales del siglo XV es la Cofradía de la Orden Franciscana Seglar y ya, del siglo XVI, la Cofradía Penitencial de la Sagrada Pasión de Cristo o la de Nuestra Señora de La Piedad.
procesion
Los pasos de la Semana Santa de Valladolid destacan como las mejores piezas de escultura policromada de todo el mundo. Imagineros como Gregorio Fernández o Juan de Juni han puesto el producto de su trabajo a disposición de vallisoletanos y visitantes y recorren sus plazas y calles en procesiones en donde impera el silencio, la sobriedad y el respeto.
Las flores adornan los pasos, pero no hace falta mucho adorno. Las tallas se llevan toda la admiración por sí solas. Velas, cirios y capirotes, nazarenos con su túnica. Todo en Valladolid inspira un hondo sentimiento por su Semana Santa. 
 
El insigne poeta vallisoletano, Jorge Guillén, en un poema titulado ‘Viernes Santo’, concreta así el resumen de este día: 

‘Este cáliz apártalo de mí./ Pero si es necesario...’/ Y el cáliz, de amargura innecesaria,/ fue llevado a la boca, fue bebido./ La boca, todo el cuerpo,/ el alma del más puro/ aceptaron el mal sin resistencia. 
Es viernes hoy con sangre:/ sangre que a la verdad ya desemboca./ Y entonces.../ Gemido clamoroso de final./ Un centurión ya entiende./ Lloran las tres Marías. Hombre sacro./ La Cruz’.
 
Miguel Delibes también supo definir, en extracto, esta Semana Santa de Castilla:

‘Se ha dicho que Castilla es lacónica y sobria. La belleza y personalidad de su Semana Santa habrá de buscarse, pues, en su sobriedad y su laconismo. Esto no quiere decir que el espectador sea insensible al drama que se desarrolla ante sus ojos, sino todo lo contrario. En el alma del pueblo borbotea un sentimiento de revancha porque sabe que, a la postre, Cristo resucitará y los sayones, sus verdugos, caerán de espaldas. El presentimiento de esa hora, de ese final feliz, le hace soportar, aparentemente impávido, las dolorosas incidencias del camino del Calvario’.

 
El Jueves Santo, cuando el Cristo de la Luz recupera la penumbra de su Palacio, es hora de cumplir con una tradición:
 
                                     La visita a las siete iglesias
Vamos a centrarnos en este reportaje en una jornada importante de la Semana Santa vallisoletana, en el Jueves Santo y más en concreto en las siete iglesias a visitar.
Recuperamos así una costumbre popular en la que los fieles visitan siete Iglesias o Templos en donde se encuentra el Sagrario, el Santísimo Sacramento expuesto y resguardado para la comunión del Viernes Santo. 
El recorrido que se realiza a las siete Iglesias es una tradición romana que se ha extendido por el mundo. Pero, ¿por qué siete iglesias? La explicación se debe a los siete recorridos que hizo Jesús desde el Jueves Santo hasta el Calvario.
ecce homo
      

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