EDICIÓN LIMITADA
 
lunes 22|07|2019

La Pasión Viviente de Castro Urdiales, una cita espectacular en Cantabria

Texto y fotos: Ana Bustabad Alonso y Federico Ruiz de Andrés

Las gaviotas interrumpen un momento su canto, y se apresuran las caminatas por el paseo marítimo. Cada vez más cerca, el golpear de los cascos de los caballos sobre los adoquines anuncia la llegada de las tropas romanas a Castro Urdiales, en Cantabria, como en tiempos de la lejana Flavióbriga.
caballos
Su sonido marca el comienzo de uno de los actos más espectaculares de la Semana Santa española. Más de seiscientos vecinos trabajan todo el año para mostrar, cada Viernes Santo, una representación completa de las últimas horas de Cristo, desde la Última Cena hasta la Resurrección. Es la Pasión Viviente de Castro.
Son cuatro horas largas e intensas, conmovedoras, en las que el fervor y el silencio son protagonistas, mientras los castreños escenifican los momentos más dramáticos de Jesús de Nazaret con escenas de gran realismo.
Todo comienza a los pies de la iglesia de Santa María, el templo gótico más antiguo de toda Cantabria. Aquí se desarrolla la Última Cena, como en aquella Jerusalén, aunque hoy los invitados son miles.
Los corazones se encogen en oración entre los olivos del huerto de Getsemaní, acompañando la soledad de Jesús, viviendo con él el prendimiento, la traición de Judas, su muerte arrepentida. Al fondo, las vistas del puerto de pescadores, la brisa del mar.
vista
Los ojos se pierden hasta el monumento a los remeros de las traineras, que cualquier otro día pueblan esta costa cantábrica. Más allá, el Club Náutico y el rompeolas, un camino silencioso de piedras que se adentra en el mar. Al fondo, la playa de Brazomar. Al otro lado, la de Ostende.
Y aquí, en esta explanada de Santa María, aparece un personaje que llaman la ‘conciencia’, cuando presentan al Ecce Homo a Pilatos, y no hace más que repetir: ‘Arrepentíos, porque vosotros sois tan culpables como los romanos’.
Uno y hasta dos juicios de Pilatos, mientras las gentes gritan la inocencia del reo. ‘Es uno de los momentos más emocionantes, el llamamiento que hace el pueblo cuando se le está juzgando. Pero también la crucifixión, sus palabras… Es emocionante desde el primer momento, pensar en el calvario que tuvo que sufrir aquel hombre’.
Quien nos lo cuenta es Iván González, alcalde de Castro Urdiales, que cada Viernes Santo se levanta pendiente del cielo, y no respira tranquilo hasta que terminan las cinco horas de Pasión Viviente: ‘Pues sí, porque cuando hay un acto tan importante como este en tu ciudad, al final siempre estás mirando al cielo. Una fiesta se engalana mucho más si el tiempo acompaña’.
huerto
Un acto importante en un entorno único. Los humildes decorados de Torre Antonia son los únicos que necesita Castro, que puede presumir de escenarios naturales verdaderamente espectaculares como el castillo-faro de Castro Urdiales, al borde del acantilado, o las vistas de la ciudad desde la Atalaya convertida en ‘monte Calvario’.
Ya dentro de la iglesia, los afortunados que consiguen entrar asisten en directo al juicio del Sanedrín. El pueblo aguarda fuera uno de los pasajes más dramáticos, la flagelación de Cristo, que se hace sobre un miliario original del siglo I que señala los mil pasos entre la cercana Otañes, donde fue encontrado, y Pisoraca, en tierras palentinas.
Un momento dramático, como nos explica Jesús Mª Prado, miembro de la comisión organizadora de la Pasión Viviente: ‘El público se implica hasta tal punto que llegamos a tener agresiones. Recuerdo un año que cuando estaban azotando al Cristo había personas que pegaban con los paraguas a los flageladores’.
Así es el realismo de esta Pasión donde los látigos son auténticos, y también las marcas en la espalda del Cristo, al que han de ‘picar’ para que no aparezcan luego hematomas en su piel.
pilatos
      

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