EDICIÓN LIMITADA
 
lunes 24|11|2014

Adviento en Viena, un espectáculo de luz que desafía al invierno

Texto y fotos: Manuel Bustabad Alonso
Cuando en España todavía estamos digiriendo la entrada del otoño y adaptándonos a las primeras lluvias frías de la temporada ya está Viena engalanada de millones de bombillas de colores para vencer a la oscuridad de las tardes y disfrazar sus calles de Adviento.
 
Estas fechas, tiempo de luz y espera antes de la explosión que supone la Navidad en la capital de Austria, son aprovechadas por los vieneses para desempolvar las figuras del belén, recuperar los adornos del árbol y cocinar las galletas de mantequilla que guardarán en cajas esperando los días señalados de celebración.
El domingo 27 de noviembre, en cada hogar austríaco se enciende la primera de las cuatro velas que adornan la corona de adviento, hecha con ramas de abeto e ilusión. Es tradición encenderlas los cuatro domingos anteriores al día de Navidad, mientras se come pan de higo y mandarinas, nueces y otros frutos secos.
Otra de las fechas de referencia del adviento vienés es la víspera del día de San Nicolás, el 6 de diciembre. La tradición dice que ese día el antiguo obispo visita a los niños de casa en casa para premiar a los buenos y castigar a los malos. Nicolás representa el premio, y con un precioso traje y mitra y báculo pastoral agasajará un año más con regalos, manzanas rojas y dátiles a los niños. Por suerte para los más pequeños, su ayudante Krampus, que simboliza el castigo con su vestimenta negra y peluda y sus ruidosas cadenas, hace años que no le acompaña en sus visitas.
Los niños vieneses, impacientes por la llegada de la Navidad, pueden ir contando los días en los característicos calendarios de Adviento que, a partir del 1 de diciembre, les deja abrir cada nueva jornada una ventanita en la que aparece un regalito o quizá alguna pequeña imagen. Así, cuentan los días hasta el 24.
En esa fecha mágica pasan la tarde por las atestadas calles de la ciudad en la creencia de que, mientras, el niño Jesús está dejando sus regalos bajo el árbol, adornándolo con bolitas de colores, tiras de papel plateado, dulces envueltos en papeles de colores y velas. A su regreso, disfrutan viendo el árbol iluminado y abriendo los regalos mientras cantan villancicos.
Pero mientras no llega ese día vieneses y visitantes acudimos a los múltiples mercadillos navideños que, dispersos por toda la ciudad, se instalan bajo la infinita iluminación de las calles con sus puestos de adornos navideños, frutos secos, pasteles, galletas y miles de regalos de todo tipo que se pueden encontrar en sus plazas.
Seguramente el más importante, el que marca el adviento vienés sea el Mercadillo del Niño Jesús (Christkindlmarkt) que desde mediados de noviembre hasta el día de Nochebuena invade la Rathausplatz (plaza del Ayuntamiento) con sus 150 quioscos, lugar de encuentro en la temprana oscuridad de la tarde, cuando más destacan las luces que iluminan los árboles y las fachadas.
Dispone de múltiples atracciones para los más pequeños, desde caballitos en los que montar a una casa de Blancanieves. También en la planta baja del edifico del Ayuntamiento los más pequeños pueden aprender a confeccionar galletas y pastas y a moldear velas de colores. Los viernes, sábados y domingos desde las 15:30 a las 19:30 se pueden escuchar villancicos de coros internacionales.
Mientras los niños aprenden a confeccionar las típicas galletas de mantequilla de Navidad los mayores se juntan con los amigos en torno a algún árbol iluminado o al calor de las casetas mientras engañan al frío con una taza de Punsch, un ponche caliente típico de estas fechas.
También en el distrito 1, en una de las plazas más bonitas del corazón de la ciudad, Freyung, el Altwiener ChristkindlMark (Mercadillo antiguo vienés del Niño Jesús) ofrece al visitante artesanía, pesebres y otros objetos decorativos.
En la Maria-Theresien-Platz, entre el Museo de Historia del Arte y el Museo de Historia Natural se puede visitar la Aldea Navideña (Weihnachtsdorf) con múltiples ideas de regalos mientras se escucha una banda típica austríaca de viento o algún otro grupo musical que ameniza el recorrido.
Y, muy cerca de allí, se puede pasar la tarde en una de las zonas más de moda del Viena. El MuseumsQuartier ofrece al visitante pabellones de hielo donde tomar un vino caliente con los amigos o jugar una partida de curling con la pista iluminada en la oscura tarde vienesa.
      

El año que viene me apunto.

El año que viene me apunto. Tienen una pinta estupenda esos mercadillos.

Gracias por las recomendaciones.

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