EDICIÓN LIMITADA
 
sábado 24|08|2019

Azahar, incienso y saetas en la Semana Santa de Málaga

Miércoles Santo, color y palomas
Hoy no podemos perdernos la salida de Fusionadas desde la iglesia de San Juan, todo bullicio y colorido; el silencio de la estación de penitencia de Salesianos en la catedral, la liberación de un preso de la cofradía de Ntro. Sr. Jesús el Rico, y el Cristo de la Expiración de Benlliure.
 
Ni la liberación de palomas a la salida de la Virgen desde la capilla de La Paloma, en la plaza de San Francisco. Dice la leyenda que siempre hay una que se posa en el trono, sobre la misma Madre de Dios. O su entrada en la plaza de la Constitución.
Tampoco podemos faltar a los encierros de la Archicofradía de la Sangre, del Rescate en la calle Agua, en el barrio de la Victoria. El ‘encierro’, uno de los momentos más emotivos para los cofrades, consiste en guardar de nuevo el trono en su iglesia tras la procesión. Muchos lo despiden llorando, hasta el año que viene.
Hoy Málaga suena a música de Manuel Ruiz Vidriet, interpretada por la Banda de música del Arrabal de Carmo que acompaña a la Virgen. Se escuchan tambores, campanas de trono. La ciudad sabe a canutillos de crema, a limón con sal o bicarbonato, a vino dulce y torrijas: ¡El limón cascarúo a dos euros, la caña dulce a uno y medio!
 
Hay una gastronomía especial, platos genuinamente semanasanteros, que sólo se preparan en estas fechas. Por ejemplo, la ‘ensalada malagueña’, que se inventó cuando estaba prohibido comer carne, y lleva bacalao, patatas, naranja, aceitunas, y un buen chorro de aceite virgen; las torrijas; el arroz con leche, que en Semana Santa es plato ‘de obligado cumplimiento’… Y mucho pescaíto bueno.
Nos vamos a comerlo a las afueras de la ciudad, a Pedregalejo. En el mítico Maricuchi nos esperan unas aceitunas aliñadas al estilo de Álora; coquinas, gambas, adobo, una ensalada malagueña; salmonetes, berenjenas rebozadas con miel de caña; boquerones, sardinas de un espeto especialmente preparado para nosotros; y de postre, como siempre aquí, un magnífico helado de turrón.
 
Volvemos al centro y atravesamos la espesura verde de la Alameda para cruzar el río Guadalmedina, que tiene las márgenes abarrotadas, como todos sus puentes. Nos detenemos en el de los alemanes, una estructura metálica verde agua que regaló el Gobierno Federal al pueblo de Málaga, por haber salvado a unos náufragos alemanes, hace ya muchos años.
Tenemos la fortuna de ver las procesiones de la noche asomados a la terraza del Patronato de Turismo de la Costa del Sol, en pleno centro de Málaga.
Pedro, del hotel Casa Curro, nos recomienda la procesión de la Vera Cruz, que sale al amanecer, un trono pequeño que llevan unos treinta hombres nada más. Está fuera del recorrido oficial, pero la hora es mágica.
Se hace el silencio cuando llegan los tronos. Se detienen. El aire se llena de pasodoble cuando pasa la Dolorosa, al ritmo de la mecida marinera, con su trono altísimo, más de cien puntos de luz. Luego nos marchamos al café Central, frente a la Tribuna.
 
      

Precioso. Simplemente me ha

Precioso. Simplemente me ha encantado como ha entonado la Semana Santa. Magnífico. ¡Te doy mi enhorabuena!

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