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lunes 20|11|2017

Peljesac y Konavle, las tierras fértiles que alimentan a Dubrovnik

Nuestro recorrido continúa hacia tierras de uno de los más famosos viticultores, el ‘Sr. Miloš’. El vino ‘Stagnum’ que se produce en la bodega ‘Milos’ ha sido galardonado en varias ocasiones como uno de los mejores tintos de Croacia. Este vino de alta calidad se cultiva en la parte alta de las colinas. Se conserva en barril dos años y cuatro en la botella. Cuesta unos 22 euros. En años especiales, se produce vino dulce y medio dulce (44 y 34 euros respectivamente). Deliciosos.
La última que visitamos es una bodega pequeña y acogedora: ‘Vukas’. Dubravko Vukas es un joven viticultor que se dedica al vino pero también a elaborar diferentes variedades de licores de manera artesanal. Probamos vinos, licores y nos llama especialmente la atención un brandy que se hace con las hierbas dalmáticas ‘travarica’. Buen anfitrión con las visitas a su bodega, nos agasaja con pasas, aceite y, queso vita, característico de la zona.
Las bodegas reflejan el temperamento de la gente de la Dalmacia: viven con lo que les proporciona la tierra, de forma relajada, sin preocupaciones.
Después de recorrer las principales bodegas de la península nos vamos a la población más importante de la península del Peljesac: Ston. Punto clave en la defensa de Dubrovnik desde la Edad Media, Ston posee la muralla más larga de Europa, lo que le ha hecho merecedora del calificativo de la ‘muralla china europea’. Desde lo alto, se disfruta de unas vistas espectaculares de la península de Peljesac. Muy cerca se encuentra Mali Ston, pequeño pueblo pesquero que vive del turismo y la pesca a la orilla de las tranquilas aguas del Adriático.
Desde Mali Ston la agencia Expedia Travel organiza viajes en barco para visitar las granjas de ostras, así como excursiones de pesca a una pequeña isla cercana, así que decidimos dar un paseo en un pequeño barco de pescadores. A bordo, saboreamos las ostras extraídas directamente del mar acompañadas de brandy croata.
Antes de continuar recuperamos fuerzas en Bota Sare, una de las más conocidas ‘konoba’, (taberna típica croata) del Peljesac Degustamos, además de ostras, paté de pescado, atún con acelgas, arroz negro y ‘rozata’, una suerte de flan de licor de rosas aterciopelado que nos encanta.
A pesar de la orografía de la Dalmacia, escarpada y pedregosa desde los primeros metros del mar hasta las cercanas Bosnia y Montenegro, Dubrovnik y su entorno disfrutan de productos de la huerta inmejorables, y esto es debido fundamentalmente al valle de Konavle.
Para esta segunda jornada utilizamos también una de las rutas de Expedia Travel. Salimos de Dubrovnik en autobús hacia esta región fértil, de casas tradicionales con tejas rojas, esparcidas sobre la tierra dispuesta en bancales. El día promete, vamos a conocer la atmósfera más tradicional de la región, y a cenar en un alojamiento de agroturismo.
Esta zona, situada al sureste de Dubrovnik, ensancha el país hasta los inmediatos montes bosnios lo suficiente para permitir una huerta variada y rica, en gran parte gracias a la protección que ofrecen las montañas, pero también a la abundancia de las aguas que descienden por ellas. En el valle se puede comprobar cómo los croatas se aferran a sus tradiciones, no solo como reclamo turístico sino como un auténtico modo de vida.
Podemos, aquí en Konavle, visitar algún antiguo molino, restaurado pero manteniendo la esencia y funcionamiento originales. Hay varios y están provistos de lo necesario para atraer al viajero, incluyendo la hospitalidad de sus dueños que, enfundados en sus trajes regionales, esperan al visitante con un delicioso Prosek –vino dulce hecho a partir de uvas pasas-, licor de nuez o de guindas y ciruelas pasas.
Alguno de estos molinos tiene 400 años de antigüedad y sigue utilizando la misma piedra de moler de siempre. Estas piedras, de origen volcánico, se traían de Grecia, pues las de la montaña dálmata eran demasiado blandas.
Nosotros descansamos a media mañana en un molino en Ljuta, nombre heredado del río que da vida al entorno y que concentra la riqueza de esta zona. Eran y son familias adineradas las propietarias de los molinos, que en su día se quedaban con el 5% del grano molido por los campesinos que lo usaban.
Aquí nos sorprende un sistema centenario de lavado de ropa que aprovecha de la fuerza del agua. Se usaba fundamentalmente para martillear los sacos de exprimir la aceituna. Todavía funciona, pero solo para deleite de los turistas.
Otra de las costumbres arraigadas en la zona es la de cocinar en campana de hierro. Esta tradición, que la restauración croata actual no autoriza por no cumplir con los requisitos de higiene necesarios, permite sin embargo asar las carnes de cordero –o cualquier otra- y las patatas a unas temperaturas homogéneas y altas.
Aún así, disfrutamos de un fantástico asado en la montaña. Con Expedia Travel como anfitrión, las excursiones suelen incluir también paseo en todoterreno para comprobar la sinuosa orografía de la zona. Nosotros aprovechamos los momentos previos a la comida para probar un sabroso licor de guinda, casero, espeso, dulce, mientras nos enseñan las antiguas prensas de aceitunas. En ellas se conseguía el aceite de oliva tan preciado en la zona y ahora también por nosotros.
Satisfechos por el asado, pero también por el jamón ahumado, emprendemos viaje de vuelta a Dubrovnik. Tras un día intenso en este entorno de agroturismo nos espera una última parada, el puerto de Cavtat.
Ésta es una pequeña población costera próxima a nuestra Ragusa y utilizada por sus habitantes adinerados como zona de descanso o veraneo. Ahora que podemos visitarla fuera de la temporada alta, disfrutamos de la tranquilidad del Adriático en sus múltiples terrazas semivacías, mientras divisamos las cercanas colinas de Dubrovnik. Incluso aquí, en su puerto, podemos coger un ferry que nos llevará de vuelta –o nos traerá en sentido contrario- en menos de una hora.
Pero nosotros hemos venido en coche así que, resignados por terminar esta fantástica experiencia, regresamos a la serpenteante carretera por la que conductores croatas o quizá serbios nos adelantan sin contemplaciones, rozando la temeridad.
De vuelta a la ciudad amurallada el camino se nos antoja diferente. Ahora entendemos el porqué de la riqueza y variedad de la gastronomía dálmata y la calidad de sus ingredientes. La esencia de estas tierras fértiles que alimentan a la orgullosa, independiente, preciosa Dubrovnik.
      

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