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miércoles 21|08|2019

La Casa del Abad de Ampudia, una joya en Tierra de Campos

Texto: Federico Ruiz de Andrés.  Fotos: Ana Bustabad Alonso

Rodeada de los interminables paisajes de cereal de la Tierra de Campos, en la pequeña villa palentina de Ampudia, la Casa del Abad es una de esos hoteles-joya que sorprenden a veces al viajero donde menos se lo espera.
La primera visión, la de sus recios muros de adobe, no permite imaginar lo que se esconde dentro. La decoración impecable de sus instalaciones, el restaurante con estrella Michelin incluida o un servicio a la altura de sus cuatro estrellas hacen de esta posada uno de los mejores alojamientos de Castilla y León.
uno de los salones
Comenzó siendo, allá por el siglo XVII, residencia del abad de la Colegiata de san Miguel de Ampudia y, tras algunos cambios de manos, los García Puertas, actuales propietarios, decidieron recuperar y mejorar la historia.
Del proyecto de rehabilitación se encargó uno de los cuatro hermanos, el arquitecto Ángel García Puertas, que acertó mezclando colores atrevidos, antigüedades, elementos vanguardistas con materiales de la zona. El buen gusto del resultado no puede ser más rotundo.
El edificio mantiene la distribución original, un entramado de patios y corrales unidos por puertas y pasadizos que hacen complicado orientarse dentro. Sin embargo, eso supone una ventaja para el viajero, que en cada recorrido por la casona descubre rincones especiales.
patio
Los dos espacios más emblemáticos se encuentran nada más entrar. Una colorida bóveda recibe al visitante a seis metros de altura, sobre la escalera. Justo al fondo, tras la diminuta recepción, se encuentra el patio principal, pintado en atrevida combinación de fucsia y añil.
Antigüedades, radiadores de diseño, puertas de más de tres siglos, o jacuzzis de última generación, todo tiene cabida en un resultado decorativo ecléctico y sorprendente. Incluso la pequeña capilla del abad, que conserva el altar original.
cúpula sobre la escalera principalPara librarse de los rigores del clima castellano y encontrarse un paisaje verdaderamente espectacular los mejores meses son los de primavera y otoño.
O, al menos, lo eran. Desde que la Casa del Abad inauguró su spa apetece venir en cualquier época del año.
Además de un circuito termal que incluye piscinas de flotación, de chorros y de contraste, el spa Alabastro ofrece al viajero espacios ambientados con luminarias de colores.
Entre sus tratamientos incluye una selección de técnicas de cromoterapia, frutales, y utiliza los productos de Darphin, una de las marcas de estética de Estée Lauder.
Otra visita obligada durante la estancia es su restaurante Arambol, galardonado con una estrella Michelin en 2004.
A los fogones dirigidos por el joven jefe de cocina, Pedro González Matos, se suma la experiencia de un maestro internacional, Joaquín Koerper, que se encarga de asesorar el menú.
Ubicado donde estuvo antaño la bodega del abad, aquí se puede encontrar una gastronomía basada en los productos de temporada de la zona.
La presentación de los platos es cálida y agradable, como la decoración del restaurante, que conjuga la elaboración tradicional con la cocina de autor.
A pesar de encontrarse en una pequeña localidad palentina, la Casa del Abad está muy bien comunicada. Se llega en coche fácilmente desde el norte de España, atravesando la localidad palentina de Dueñas, o desde Madrid, pasando por Cigales, un pueblecito vallisoletano que se hizo famoso por sus vinos claretes y donde hoy se elaboran algunos tintos excelentes.
      

Hay que ir ya!!!

Mágnifico reportaje y dívinas fotos.
No sé si es bueno que lo contéis todo, casi que ya lo conocemos.
NO hay que ir en persona y disfrutarlo

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