CALLEJEANDO
 
jueves 17|01|2019

Manado, desgarbada, original y auténtica Indonesia

Texto y fotos: Ana Bustabad y Federico Ruiz
En un país como Indonesia, en el que las aguas territoriales ocupan más que toda su superficie terrestre, Manado tenía que ser necesariamente una ciudad con vistas al mar. Y, sin embargo, muy pocos de los viajeros que buscan las bellezas de sus fondos marinos se detienen a conocerla.
 
La mayoría de los que llegan a la capital del estado de Sulawesi del Norte hacen una escala rápida en su aeropuerto y parten rápidamente a las islas cercanas. Seguramente por eso, Manado se ha conservado como una ciudad antiturística, en la que nada está previsto para enseñar, y en la que la amabilidad de sus habitantes no es una pose para contentar al turista.
Como tantas ciudades asiáticas, no está diseñada para recorrer caminando. Al menos, sin un calzado cómodo y resistente a baches, charcos… las aceras se ven a menudo interrumpidas por un cambio de altura aquí, un murete allá… Discontinuas como la arquitectura disparatada de esta ciudad que no atrapa a primera vista.
Resulta muy curioso descubrir edificios de todos los tamaños, colores y estilos arquitectónicos. En sus calles salpicadas de vegetación lo que más abundan son las iglesias. Extravagantes, diminutas, inmensas, muchas de ellas con la palabra gereja, que recuerda al portugués igreja.
La asociación no resulta en absoluto descabellada. Aquí estuvieron los portugueses, aunque su paso fue breve y dio entrada a varios siglos de dominio colonial holandés y británico. Pero esta ciudad fue fundada por los españoles, a finales del siglo XVI. Hoy son muchos los que la visitan, pero casi todos de paso, del aeropuerto a algún resort de cualquiera de sus islas.
Los atractivos de Sulawesi del Norte que buscan los turistas están en sus sorprendentes fondos marinos, en una barrera de coral cortada a pico en las profundidades. La isla de Bunaken es el lugar más representativo, pero también hay lugares de buceo en las vecinas Siladen, Nain, Montehagen o Nain Kecil.
La mayor parte de ellos cuentan con barcos privados para llegar hasta las islas. También existe la opción de coger el transporte público, aunque Benny, nuestro guía de camino a la ATF 2012, no nos lo recomienda: ‘es más bien para los que vivimos aquí, que ya estamos acostumbrados, vamos apretados como pollos’, bromea.
Pero los auténticos viajeros saben apreciar la inocencia de Manado, una ciudad que atrapa poco a poco, y los encantos en superficie de esta provincia que está deseando recibirlos.
En esta isla remota, casi al borde del mundo conocido en otros tiempos, unos kilómetros al norte de la línea ecuatorial y muy cerca de Filipinas, vive un curioso personaje que también lo hace en el país vecino. El tarsier, con sus enormes ojos y sus dedos de marciano es –dicen- el primate más pequeño del mundo.
Manado cuenta con más peculiaridades que la hacen diferente al resto de Indonesia. Aquí la religión musulmana es residual, con un 80% de protestantes y solo un 20% de católicos.
Ellos erigieron, sin embargo, uno de los monumentos del que los manadienses se sienten más orgullosos: la estatua del Cristo Redentor, una enorme figura de piedra y metal situada en un alto del barrio residencial de CitraLand. ‘Es la segunda más alta de Asia, somos una de las seis ciudades del mundo que tienen algo así’, explica Benny.
Pero seguramente ninguna de ellas cuenta con un clima tan bueno como Manado. Excepto los meses de diciembre y enero, cuando las lluvias torrenciales hacen su aparición, el tiempo aquí es templado y húmedo, una delicia callejear en manga corta durante todo el año.
Hay taxis con aire acondicionado, pero la mejor forma de recorrer la ciudad son los miles de microlets azules, pequeñas furgonetas a modo de taxi colectivo, que te llevan donde quieras por unas 2000 rupias (unos 20 céntimos de euro).
Su puerta lateral se mantiene siempre abierta, para facilitar la subida y bajada de viajeros. Mucho más sencillo así pararse de pronto en un colorista centro comercial aquí, o junto a un mercadillo un poco más allá. Porque si de algo presume Manado es de ser una ciudad de compras.
Como muchas urbes de Asia, sorprende a los viajeros por la variedad de cachivaches tecnológicos que se encuentran, y por las diminutas porciones que llenan las estanterías de los supermercados. Todo a muy buenos precios. Muy interesante el Merciful Building, que abre las 24 horas y donde se puede comprar artesanía y ropa tradicional.
Frente al mar, todavía olvidado en esta ciudad que cuenta con un paseo marítimo en proyecto, hay locales de comida rápida con wifi gratis, salas de fiestas, karaokes y originales trenecitos en forma de jirafa o vaca que recorren la costa.
A pesar de la abundante oferta de fast food, merece la pena ir en busca de los sabores locales, contundentes y especiados. El plato más famoso es un porridge muy especial llamado Burbur Manado o Burbur Tinuttuan, que lleva espinacas, maíz, arroz y se suele acompañar de pescado ahumado y picante.