CALLEJEANDO
 
lunes 22|07|2019

Ciutadella, una ruta por la Menorca señorial

Texto y fotos: Manolo Bustabad y Pilar Alonso Canto

Llegamos temprano para descubrir Ciutadella, la ciudad señorial por antonomasia de Menorca. Tras la travesía del Port d’Alcúdia al port de Ciutadella a bordo del Ramón Llull, nos espera una agradable ruta a pie por su casco antiguo de calles apretadas y estrechas.
El muelle de atraque está en la ribera norte, así que, atravesando las obras de rehabilitación del barrio de Dalt sa Quintana, donde pacen gallos y gallinas como en un corral, bajamos la Costa, cruzamos por el puente y subimos la Baixada de Capllonc, desde cuya cima se ve todo el puerto, para llegar al Ayuntamiento, en cuyos bajos se ubica la Oficina Municipal de Turismo, CITUR, donde nos aguarda Soledad Navarro para guiarnos en la ciudad.
Después de esta simpática entrada (me parece gracioso cruzar entre gallos, bajar ‘cuesta’, subir ‘bajada’…) y una amena puesta en situación, por parte de Sole, mientras tomamos un cafetito en la plaza del Born, ya estamos listos para iniciar el ‘descubrimiento’.
Ciutadella, fundada por los púnicos (según el obispo Severo) con el nombre de Jamma (ciudad de poniente), estuvo sometida sucesivamente a los romanos, los vándalos y los árabes. Bajo esta última dominación era Medina Minurka, la única ciudad menorquina. A partir de 1232 bajo la Corona de Aragón y después del monarca de Mallorca.
Su apasionante historia está marcada por una fecha que todos sus habitantes tienen presente: el año 1558. Ese verano los turcos arrasaron la ciudad, deportando a casi todos los supervivientes para venderlos como esclavos.
Una joya recuperada del saqueo es el Libre Vermell, códice de gran valor histórico por contener la recopilación de todos los privilegios y cartas reales otorgados a Ciutadella y Menorca. Se conserva en ‘las Casas Consistoriales’.
Precisamente, en conmemoración de la resistencia y posterior captura de los ciutadellencs a manos de los turcos, se levantó el obelisco que hoy es uno de los elementos más identificativos de la Plaza del Borne.
Este magnífico espacio, de los más frecuentados por la población, se enmarca entre el Palacio del Gobernador, antes Real Alcázar, ahora Ayuntamiento, por el oeste; el conjunto de los dos palacios de Torresaura y Salort, con sus fachadas neoclásicas que se enfrentan a lo largo de la calle Mayor del Borne, por el este y el Teatro del Borne por el norte, al lado de un inmejorable mirador sobre el puerto. 
Era en el siglo XVII cuando los gobernadores, nombrados por el mismo rey, residían en el Real Alcázar. Y desde Ciutadella, por medio de la Universidad General de Menorca, se administraba toda la isla.
En esa época surgen los primeros palacios confundidos en la trama del tejido urbano medieval. Muchos son la suma de estancias existentes, que conservan sus características interiores, unificadas bajo una fachada común.
      

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