CALLEJEANDO
 
sábado 01|11|2014

Música, arte y mucho ambiente en las calles de la intensa Dublín

Texto y fotos: Marina Ruiz González

Callejeando por Dublín, envuelta en ese aire misterioso y mágico que desprenden sus piedras, es inevitable que te venga a la cabeza la música de U2, o las melodías celtas de The Coors; y no puedes dejar de recordar las imágenes literarias de Oscar Wilde o James Joyce, iconos indisociables de esta ciudad intensa.
Las diferentes civilizaciones han dejado una huella profunda en las calles de la capital, en cada rincón de esta Irlanda que a lo largo de su historia ha recibido las invasiones celtas, la ocupación de los vikingos, y la más reciente colonización de los protestantes ingleses, hasta convertir a Dublín en lo que es actualmente, una de las ciudades con más cultura, más música y más ambiente de toda Europa.
Dublín es una ciudad dividida en dos por el río Liffey. Norte y sur no pueden ser más diferentes arquitectónicamente hablando. El primero tiene un aspecto humilde, de barrio obrero, mientras que el sur ha sido tradicionalmente la zona rica, con bonitas casas victorianas bajas y tranquilas.
Una de las mejores maneras de comenzar a conocer la ciudad es atravesar y descubrir cada uno de los numerosos puentes que atraviesan el río, muchos con historias realmente interesantes.
El Samuel Beckket Bridge, por ejemplo, está situado en Docklands, la zona de edificios más innovadores de la ciudad. Obra del arquitecto español Santiago Calatrava, sus líneas recuerdan la imagen de un arpa céltica sobre la orilla, el símbolo nacional de Irlanda.
Otro puente con muchísimo encanto es Ha’Penny Bridge que recibió este nombre debido a su forma, similar al canto de una moneda de medio penique, que ese era exactamente el primer peaje que había que pagar por cruzarlo cuando se construyó.
En la zona norte de Dublín está la calle más amplia y concurrida del centro, O’Connell Street. Comienza en el puente de O'Connell, y en ella se encuentran edificios tan representativos como la Oficina Central de Correos o el espectacular Monumento a la Luz, un cono de acero de 150 metros de altura cuya punta se ilumina por la noche.
Diseñado para conmemorar la llegada del nuevo milenio, es uno de los monumentos que más sorprende al viajero, y aporta un toque moderno a Dublín.
También en el norte de la ciudad, una parada imprescindible para los amantes del deporte es el estadio Croke Park, que alberga un museo sobre los deportes autóctonos irlandeses y donde además se puede disfrutar en directo del fútbol gaélico y del hurling, los dos más seguidos y practicados en Irlanda.
      

Estupendo reportaje

Muy buenas

Me ha parecido estupendo el reportaje. Dan ganas de coger el primer avión para Dublin.

Un saludo

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