A BORDO
 
lunes 16|09|2019

Politours abre las puertas del Danubio: Linz-Budapest, 500 km río abajo

tumba
5ª jornada 
Despedida de Viena y tarde de paseo en Bratislava
Al día siguiente, disponiendo sólo de la mañana, nos propusimos un paseo tranquilo por la ciudad, con un único objetivo: visitar la 'tumba de Mozart'. La mejor opción desde el centro es el tranvía 71, apeándonos en Fred-Zinnemann para caminar los últimos quinientos metros. El St. Marxer Friedhof, cementerio de san Marcos, es un pequeño bosque de pinos y lilas de seis hectáreas, a cuatro o cinco kilómetros del centro de Viena, encajado entre la vía férrea y una raqueta de autovías. Mozart fue enterrado en una sepultura comunitaria (no en una fosa común), como cuentan todas las crónicas, y en realidad lo que allí podemos ver, en un claro entre tumbas abandonadas, es un pequeño monumento formado por una columna truncada y un angelote apesadumbrado que se apoya en su basa. La inscripción, escueta: "W. A. MOZART 1756-1791". Es un lugar retirado, pero siempre con flores frescas. Dicen.
Y, claro, imposible abandonar Viena sin una visita al Café Sacher para catar la famosa tarta de chocolate creada por Franz Sacher en 1832. En realidad la teníamos muy cerca. Está al lado de la plaza Albertina, ese lugar con especial encanto, poblado de arte y coches de caballos, a donde volvíamos una y otra vez: al Hofburg, al concierto, durante los paseos por las calles peatonales... Ración de 'Sacher-Torte', 5,60€; cada café, 4,90€. Pero bueno, la tarta exquisita, el ambiente, la Casa de la Ópera enfrente... Y un capricho es un capricho...
Todo un sueño, pero el Swiss Crown no espera. Tomamos rápidamente el metro hasta Vorgartenstrass (¡tan cerca del Prater y no hemos montado en la famosa noria!) y nos despedimos de Viena con más notas 'acumulando alicientes para un próximo crucero', como todos los días.
Zarpamos, nos espera Bratislava esta misma tarde. Media hora después de abandonar Viena entramos en una esclusa. Es la primera que pasamos con día y vemos cuán escaso margen nos queda a babor y estribor. Realmente los barcos de río tienen limitadas sus dimensiones por eso; por muy largos que sean, no suelen sobrepasar los doce metros de anchura. El Swiss Crown, con una eslora de 100 metros, sólo tiene 11,40 de manga. Entramos lentamente hasta el fondo. Por la popa se cierra la compuerta. La esclusa se va vaciando y descendemos en pocos minutos. A las 16:00 estamos desembarcando en Eslovaquia, han transcurrido dos horas y cuarenta minutos desde que salimos de Viena.
sacher 
Tarde de paseo guiado en Bratislava (Km 1.874)
Bratislava, a tan sólo 60 kilómetros de Viena y con buena comunicación entre ambas, por el río y con un tren eléctrico que aquí llaman tranvía, parece una prolongación de la capital austriaca. Nos la recuerda su bien recuperado centro histórico, la actividad cultural, la nostalgia monárquica... La capital de Eslovaquia está también próxima a la frontera con Hungría y muy cerca de Budapest y, aunque no puede competir con la grandiosidad de sus dos vecinas, es el lugar ideal para una excursión de fin de semana o incluso de un día.
Se habla alemán y húngaro, además de eslovaco, y están orgullosos de su poliglotía. El primer monumento que nos topamos al desembarcar está dedicado a L'udovit Stúr (1815-1856), escritor, líder del resurgimiento cultural eslovaco y gran impulsor de la lengua propia. Su obra más conocida:"Sobre el dialecto eslovaco y la necesidad de escribir en ese dialecto".
Y ya estamos en la Hviezdoslavovo namestie, la plaza más grande y universal de Bratislava. En ella encontramos algunos de los edificios más representativos de la ciudad, como el Teatro Nacional; el Hotel Carlton, donde se hospedaron eminencias como Einstein o Julio Verne; la embajada norteamericana, con una tupida verja de más de tres metros de altura; la heladería 'Luculus'... De las esculturas que jalonan esta larga plaza, dos llaman nuestra atención: Sobre elevada peana de piedra, la dedicada a Pavol Országh Hviezdoslav (1849-1921), escritor y filósofo, líder de la literatura eslovaca, que da nombre a la plaza. Y, a ras de suelo, monumento en bronce de Hans Christian Andersen (1), que pasó por aquí en 1841. Viajaba de Estambul a Viena y se prendó de esta pequeña ciudad, que, se dice, le inspiró dos de sus obras: 'El patito feo' y 'La pequeña cerillera'. La describió sencillamente: "Bratislava es una ciudad hermosa llena de chicas guapas y buen vino".
Nuestro paseo continuó por la plaza Rudnayovo, donde se encuentra el monumento al Holocausto (en recuerdo a los 60.000 judíos eslovacos masacrados) delante de la Catedral de san Martín (donde por cierto se coronaba antiguamente a los reyes de Hungría), y por la calle Michalska, con la Torre de San Miguel siempre al fondo. Un agradable callejeo con mucho ambiente desembocando en la Plaza de Armas, con el Antiguo Ayuntamiento al fondo y la Fuente de Maximiliano en el centro. Alguien había organizado juegos infantiles en medio de la explanada y estaba todo lleno de gente. En un extremo, la terraza del 'Café Mayer', una pastelería cuya tarta nos había recomendado la guía. Exquisita.
En plena zona peatonal uno de los personajes más buscados por propios y extraños es 'Cumil el mirón', un hombre que se asoma desde el interior de un pozo de registro con mirada risueña. Y allí nos fuimos. También se le conoce como 'El hombre en el trabajo'. Desde luego el letrero bajo la señal que lo indica reza: 'Man at work'. Se trata de otra escultura en bronce de 1997, esta vez de Viktor Hulík.
bratislava
Cuatro horas en Bratislava no dan para mucho más, la compra de un pequeño recuerdo y de vuelta al Swiss Crown. Aquí sigue creciendo nuestra lista, porque nos quedan temas pendientes para un buen fin de semana: el Palacio del Arzobispado, entrar en la Catedral, en sus museos, subir al Castillo... Quizá 'para el próximo crucero'.
 
(1)  La escultura de Andersen, que representa al narrador danés con algunos de sus personajes, como el caracol, cisnes, el soldadito de plomo, el emperador desnudo..., es obra del arquitecto y escultor eslovaco Tibor Bartfay, que la realizó sin percibir honorarios, sólo por reconocimiento al escritor. Bartfay falleció en Bratislava el 3 de octubre del 2015, tres semanas después de nuestra visita. Tenía 93 años. Su obra más famosa, de las que se pueden contemplar en Bratislava, es "las fuentes de la paz" en la Plaza Hodzovo. 
 
      

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