A BORDO
 
domingo 25|08|2019

Atardecer en la Albufera, sensaciones inolvidables de Valencia

viajeros
Aquí comenzó la cocina sabrosa de arroz negro, el all-i-pebre de anguila, el arroz de pescado. Luego llegaron los cazadores, y la carne incorporó sus jugos a los arroces, y los escritores, y los pintores como Sorolla, pusieron de moda esta tierra.
Imposible no recordar la novela honesta y rotunda de Vicente Blasco Ibáñez, ‘Cañas y barro’, que en los años 70 llenó los hogares españoles en forma de serie contando la lucha entre la pesca y la agricultura, el agua y la tierra. 
Un puentecito estrecho y enseguida nos enamora la arquitectura popular autóctona, barracas de muros de arcilla, paja y cal, con estructura de madera de morera y techado de cañizo elaborado con juncos, arcilla y junquillos. Ahora encalados, refugios tranquilos de fin de semana.
barcos
Advertimos tarde que hemos olvidado el repelente de insectos. ‘Por aquí cada vez hay más bichos que te arrean, porque antes se dragaba el lago y no había barro, y hasta los años 60 se podía beber el agua tranquilamente, pero con los polígonos industriales esto se acabó’.
Nos lo cuenta Vicente, el Patilla, o el ‘Tío Patilla’, como reza el cartel de la entrada, todo un personaje por estas aguas. Barquero, timonea la Albuferenta desde 1956. ‘Antes éramos unos 450 pescadores, ahora unos 50. Pasé 30 años pescando de noche, mi mujer solo consiguió descansar cuando llegaron los móviles’.
Timón en mano nos lleva despacio por estas aguas tranquilas. Más que un paseo en barca, es un viaje interior que invita al silencio, a escuchar los sonidos de la Albufera. El agua.
patilla
No hay prisa. El atardecer llega siempre por mucho que nos empeñemos en alargar los días. El sol tiñe la escena de rojo suave y suenan los obturadores de las cámaras. Ni de lejos conseguimos captar la belleza de este atardecer de verano.
Al Tío Patilla le gusta más navegar en otoño. ‘En septiembre el arrozal es de color dorado, más intenso aún en noviembre, cuando cierran las golas y se inundan, y recupera el aspecto de antaño’.
Termina la tarde, pero las sensaciones perviven y nadie habla en el trayecto de vuelta a la ciudad. Pasamos frente a la barraca de la Cofradía de pescadores de El Palmar, que esperan ansiosos el segundo domingo de julio, cuando se reparten fechas y zonas, porque son los únicos que pueden pescar en la Albufera.
Dejamos a la derecha el desvío al Parador de El Saler, a medio camino entre el Palmar y el barrio de Ruzafa, donde nos espera la noche de Valencia.
barco
      

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