A BORDO
 
lunes 26|08|2019

Camino de la Soria de Machado en el tren Campos de Castilla

Caminando por la Soria de Machado

La tarde la dedicamos a descubrir los rincones machadianos de Soria, caminando por los lugares que formaron parte de su vida, y de su obra.

Antonio Machado y Ruiz, sevillano, llegó en el último trimestre del curso allá por 1907, para hacerse cargo de la cátedra de Lengua Francesa de un viejo instituto y traer los aires nuevos de la Institución Libre de Enseñanza.

El Instituto, que hoy lleva su nombre, es un imponente edificio de piedra con apenas unos adornos en la fachada. Dentro, el aula donde impartía clases ‘el buen profesor’, que nunca repartía notas bajas, solo ‘aprobado, aprobadillo y aprobadejo’.


Aquí nos cuentan su historia. Sus primeros meses en la ciudad, de pensión en pensión, primero en el número 54 de la calle del Collado, más tarde en el 7 de la calle Estudios, a pocos minutos caminando de su trabajo.

Al principio Machado es duro describiendo a Soria y a los castellanos. Era poco sociable, su carácter huraño, y sus convecinos no entendían su obra. Para entenderla, dicen, hay que acercarse al Duero. En esos años conoce al amor de su vida, Leonor Izquierdo Cuevas, que tiene solo trece años.

Visitamos la iglesia románica de Nuestra Señora de la Mayor, donde un 31 de julio de 1909 Antonio se casa con Leonor, que ya tiene quince, él treinta y cuatro. También aquí, años más tarde, se oficiaría el funeral por esta mujer que le marcó la vida.

A pocos minutos caminando, el palacio de la Audiencia, antigua sede del Ayuntamiento, cárcel y mercado. El reloj con campanas que corona su torre inspiró a Machado el poema ‘Da la una’: ¡Soria fría! La campana/ de la Audiencia da la una./ Soria, ciudad castellana/ ¡tan bella! bajo la luna!


No nos perdemos la visita al Círculo de la Amistad Collado, antiguo Casino Numancia, que guarda el sabor de los cafés de principios del siglo XX. Todavía puede verse el piano Steneway que tocaba Gerardo Diego, testigo de las tertulias de los hermanos Bécquer, de  Eduardo Saavedra, de Machado. Para visitarlo libremente hay que informarse antes de las horas de visita.

En julio de 1912 Machado escribe su famoso poema ‘A un olmo seco’, en realidad una metáfora de la enfermedad de Leonor, que ni los aires puros de Soria consiguen mitigar.

‘Antes que te derribe, olmo del Duero./ con su hacha el leñador, y el carpintero/ te convierta en melena de campaña./ lanza de carro o yugo de carreta:/ antes que rojo en el hogar, mañana./ ardas de alguna mísera caseta,/ al borde de un camino;/ antes que te descuaje un torbellino./ y tronche el soplo de las sierras blancas;/ antes que el río hasta la mar te empuje/ por valles y barrancas,/ olmo quiero anotar en mi cartera/ la gracia de tu rama verdecida./ Mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida,/ otro milagro de la primavera.’

La vida de Leonor se apaga el 1 de agosto de ese año fundamental para Machado, cuando publica su gran obra ‘Campos de Castilla’. Aquí descansa para siempre, en el pequeño cementerio del Espino, a unos pocos metros del olmo seco.

Machado no resiste el golpe, y apenas una semana después abandona esta ciudad a la que solo volvería veinte años más tarde, pero que impregna su obra con tanta intensidad como esta ha dejado su huella en las calles de Soria.

La Ruta de Antonio Machado puede seguirse también por libre, en la web del Ayuntamiento de Soria está disponible una audioguía en formato mp3 en español, francés e inglés.  y puede descargarse un folleto con las rutas machadianas en Soria, incluyendo un plano e información de cada punto del recorrido.

El primer día del Tren Campos de Castilla termina con un espectáculo musical o teatral, uno de los momentos más especiales del programa, que puede consultarse completo en el folleto de Renfe.

      

La verdad es que apetece.

La verdad es que apetece. Trataremos de programar un viaje en tren desde Galicia a Soria con lectura de Machado que nos dure para la ida y para la vuelta.
Hasta pronto.

Tal y como lo cuentas,

Tal y como lo cuentas, apetece subirse a ese tren y viajar en el tiempo para conocer los lugares de Machado. Precioso texto!

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