AZUL MARINO
 
domingo 22|04|2018

Porto Santo, una isla para relajarse en medio del Atlántico

oasis 
NO HAY QUE PERDERSE
La mayor parte de la población de Porto Santo, unos 5.000 habitantes, vive de una u otra manera del turismo. Sin embargo, resulta una isla muy poco turística, en el sentido de que no hay masificaciones ni grandes atracciones turísticas, este sigue siendo un destino ‘casi virgen’.
Solo algunas iniciativas privadas destacan en la modesta oferta turística sorprendiendo al viajero, y no conviene perdérselas, al menos estas:
La Quinta das Palmeiras. En medio de esta isla de colores ocres y escasez de agua, su propietario ha construido un auténtico oasis vegetal, un vergel para quienes quieren escapar unas horas de la playa,  y relajarse al fresco. En su interior se enconde una terraza muy agradable para tomar un café rodeados de aves exóticas y todos los árboles y las plantas traídas personalmente por él durante años. Cerca del Pico do Facho.
Museu Cardina. La pasión personal de un hombre ha reunido en este pequeño museo artefactos históricos, herramientas antiguas a escala y maquetas. Construido en un molino de viento de tamaño real, al norte de la isla, en la aldea de Camacha, ofrece al visitante un recorrido por un pasado ya desaparecido.
serra
Casa da Serra. Hacia el norte de la isla, donde tiempo atrás abundaban plantaciones y casas de labranza, se levanta esta casa ‘de los abuelos’ rehabilitada para recrear la vida en épocas pasadas. Sus dueños, además de amantes de la etnografía, son productores artesanos de miel de caña, galletas, licores de frutas y otras delicias autóctonas que venden aquí mismo a los visitantes.
Hablando de delicias, los helados de Lambesca, un pequeño quiosco situado en el centro de Vila Baleira, frente al juzgado, son uno de los sabores más tradicionales de Porto Santo, se siguen haciendo como en 1841. Cada día ofertan dos de sus mejores sabores, así que hay que estar muy pendientes.
Y otra especialidad que no puede dejarse de probar en Porto Santo es el ‘bolo do caco’, un pan riquísimo de harinas de trigo y batata que se come caliente, untado con mantequilla con ajo y diversos rellenos. Se pueden encontrar casi en cualquier lugar de la capital, en la carretera principal, junto al muelle antiguo, en la Marina.
¿Un buen lugar para desayunar o merendar? La Pastelería Pimenta Q.B., a pocos metros de la Praça del Pelourinho. Café buenísimo, wifi gratis, dulces caseros, y todo barato.
Para una alternativa más ligera, hay que pararse en algunos de los puestos de uvas y otras frutas de temporada que abundan en las cercanías del viejo puerto y la playa.
Y, por fin, si hemos de recomendar un restaurante, será Pé na Água. A pie de playa, en la arena, en la carretera de Vila Baleira hacia Calheta, cerca de la capital. Hay que probar el ‘podiao’, pez papagayo, uno de los platos tradicionales de Porto Santo.
bolocaco