AZUL MARINO
 
miércoles 21|08|2019

Ballenas, pingüinos y elefantes marinos en Destino Península Valdés, Chubut

acceso
Varios  kilómetros antes de llegar al Faro de Punta Delgada se anuncia el lugar como ‘Hotel de Campo’, ‘apostadero de elefantes’ y ‘área de investigación’. La carretera, sin asfaltar desde muchos kilómetros atrás, está cerrada con un portón que abre nuestra guía. Estamos en el recinto de Punta Delgada, que incluye un faro y las instalaciones anunciadas. Por supuesto, un restaurante donde comeremos.
Pronto alcanzamos la costa, un acantilado arenoso de unos 50 ó 60 metros de altura, con un sendero que nos permite bajar hasta el límite de la zona protegida (5), donde espera un espectáculo inédito para nosotros.
mirando
La playa, ancha y protegida en parte por una barrera de arrecifes, está ocupada por una colonia de elefantes marinos que parecen sestear. Los pocos que se mueven, un macho viejo que trata de copular con varias hembras y dos jóvenes que gallean gritándose, lo hacen lentamente.
El único que parece tomárselo en serio es el ‘patriarca’ (hay varios) que, poco a poco va cumpliendo objetivos. Mientras, los jóvenes ni llegaron a tocarse y las hembras vuelven a girarse, para quedar todos apaciguados y tumbados. Cada movimiento transmite fatiga, se nota que están hechos para el agua, donde se mueven como peces. La arena está bien para dormitar…   
Visitamos la colonia en el período de lactancia, dentro del ciclo reproductivo de esta especie, que se repite anualmente y dura desde agosto hasta marzo. Primero llegan los machos, que se ‘reparten’ la playa. Las hembras paren cachorros de unos 40 kg. Cuando termina la lactancia son copuladas y luego se alejan al mar a comer.
elefantes
Los cachorros, que triplican su peso durante la lactancia, permanecen en tierra hasta noviembre, cuando se van al mar con los machos para alimentarse. Durante ese mes y diciembre las hembras van regresando a la costa para cambiar el pelaje y se agrupan todos por sexo y edad. Los machos mudan la piel más tarde. En marzo parten nuevamente todos al mar hasta que comienza el nuevo ciclo.  
En algo más de una hora damos por terminada la contemplación y sesión fotográfica. Queda la energía justa para subir la enorme ‘duna’ antes del almuerzo.
Las tarjetas van colmadas (lástima no haber traído un objetivo más potente) y la colonia queda en calma, con sus siestas, sus baños y sus rutinas por la continuidad de la especie. Da la impresión de que ni notaron nuestra presencia, que era de lo que se trataba, gracias a las distancias de protección establecidas.
costa 
(5)   La aproximación hasta esa línea sólo está permitida en compañía de un guarda de la colonia.
 
      

Dejar un comentario

Agradecemos mucho tu opinión en Expreso.
Por favor, no dejes comentarios impropios, injuriantes, contrarios a las leyes o con fines publicitarios, tendremos que eliminarlos.

Oculto, no aparece en el comentario.