AZUL MARINO
 
lunes 22|07|2019

Armaçao dos Búzios, un rincón de Brasil donde el tiempo es todo tuyo

Texto y fotos: Ana Bustabad Alonso y Federico Ruiz de Andrés

Desde que en los años 60 Brigitte Bardot la descubriese para el mundo, el milagro de Búzios ha sido mantenerse fiel al charme de un pueblecito de pescadores, sin renunciar al lujo de sus pousadas, al infinito número de viajeros que han hecho de esta península de Brasil su hogar.
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En Armaçao dos Búzios, que es como se llama realmente este lugar de la costa brasileña, muy cerca de Rio de Janeiro, vivieron aislados del mundo durante unos días BB y su novio de entonces, Bob Zaguri. Probando cada una de sus playas, pescando, charlando con los niños… Aquí aprendió BB una preciosa canción, la única que grabó en portugués, ‘María Ninguém’, y cumplió su promesa de volver.
En palabras de la propia Brigitte Bardot: ‘Guardo preciosamente el recuerdo inolvidable de un pequeño paraíso donde corría descalza, acompañada de un gato llamado Moumou, maravillada con los colibríes, con los árboles de fuego, las buganvillas, y el color translúcido de un mar lleno de espuma, que más bien parecía un champagne azul y con el cual me embriagaba’.
Desde entonces, Búzios ha sido refugio de famosos; de ladrones míticos como Ronnie, que llegó huyendo tras asaltar el tren de Glasgow; de viajeros que detuvieron aquí su vuelta al mundo. Mezcla de culturas, de historias más que interesantes, es ahora es uno de los destinos más turísticos de Brasil, pero nunca ha perdido ese encanto descuidado de los lugares en los que uno siente que el tiempo es todo suyo.
Restaurantes de todos los continentes confieren un aspecto cosmopolita a esta península dedicada al placer que seguramente ostenta el mayor número de tiendas de bikinis por metro cuadrado del mundo. Quizá porque su clima templado y la variedad de playas hacen del traje de baño y las chanclas ‘brasileñas’ el único equipaje imprescindible.
Pequeñas furgonetas Volkswagen de todos los colores salpican sus calles empedradas, sus impresionantes cuestas, algunas sin asfaltar, y junto con las buganvillas ponen las notas brillantes sobre la vegetación, espesa, intensa. De fondo, el Atlántico, que aquí es un pacífico mar turquesa.
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La caipirinha, bebida nacional, no falta a ninguna hora, incluso con la comida. Las hay de cien sabores, pero ninguna mejor que la original. Tampoco el ‘caldo de cana’, jugo de caña de azúcar, ni los sucos, zumos naturales que te ofrecen en cualquier esquina.
No hay que perderse la ciudad antigua, con la iglesia de santa Ana, cuyo campanario avisaba a todo el pueblo cuando llegaban las ballenas. Y es que esta es tierra de balleneros. Y de conchas. Armaçao da Ponta das Baleas de Búzios, su nombre original, recuerda a tiempos en los que la vida era mucho más dura, también para los grandes mamíferos que, acorralados por los pescadores, venían a morir a sus playas.
Los primeros esclavos africanos que arribaron a estas costas repletas de almendros, con cuyo fruto se alimentaban, descubrieron cantidad de pequeñas conchas con una hendidura en medio que en su África materna utilizaban como moneda de cambio. Y se sintieron ricos, porque aquí los búzios, que así los llamaban, se contaban por miles.
Suena la música de Zeca Pagodinho, el mejor sambista tradicional del país. Las notas de su Acústico, grabado en directo en Rio de Janeiro con la Filarmónica, parece acompasar el ritmo de locales y turistas caminando por la Orla Bardot.
Es la calle principal de Búzios, un paseo marítimo que va desde la Rúa das Pedras, en la parte más antigua, hasta la Praia dos Ossos. A medio trecho, una figura en bronce recuerda siempre los días más felices de Brigitte Bardot. Otra escultura, esta dentro del agua, homenajea a los pescadores, la firma Christina Motta.
El camino termina sin querer en la arena, entre tumbonas de colores, donde cada noche se monta un mercadillo. En esta Búzios que trasnocha y se levanta tarde, donde la vida es una sucesión de momentos felices, y donde las hormigas son casi tan grandes como la sonrisa de sus gentes.
tumbonas
Las playas de Búzios
Pudiera parecer un tópico, pero Búzios tiene playas para todos los gustos y para cualquier momento del día. Lo mejor para encontrar la ideal de cada quién es contratar en cualquier pousada un tour de medio día en jeep descubierto, una excursión muy popular entre los turistas que te lleva por toda la costa e incluye una hora libre para comprar el traje de baño; o un recorrido diferente, en lancha, para ver las playas desde el mar.
Muchos de los argentinos que se instalaron aquí en los años 80 escogieron la praia [playa] de Ferradura para edificar sus casitas en medio de la vegetación. Es un buen lugar para pasar el día. Los chiringuitos están muy limpios, con mesas sobre la arena, y el pescado fresquísimo. Entre baño y baño en esta agua caldeada, o mientras sube la marea que lo moja todo, masajes a 30 reales la media hora.
Un poco más adelante se encuentra un punto de interés geológico que, según los brasileños, posee una fuerte carga energética. Es A Ponta da Lagoinha, una playa de rocas volcánicas en la que sitúan hace 500 millones de años el punto en que se unían los continentes americano y africano.
La preferida de los cariocas, y la más grande de todas, es la praia de Geribá, unos 2 kilómetros repletos de surferos que lucen cuerpo y habilidades frente a las carpas que montan cada verano las empresas de cremas solares, en las que regalan aceites, masajes…
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