AZUL MARINO
 
lunes 26|08|2019

Ponteceso, los caminos del mar y los rostros de la Costa de la Muerte

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Desde aquella finca, con palomar, hórreo y cruceiro, asomados al estuario del Anllons, podemos ver ya la primera parte de nuestra esperada ruta.
Es el tramo más bajo y plano del recorrido. Caminamos sobre un dique de tierra de unos cuatrocientos metros de longitud, construido hace más de cien años, siendo alcalde de Ponteceso un hermano del poeta.
A nuestra izquierda, la ría, a nuestra derecha, un extenso juncal al que siguen llegando las mareas, con sus rebaños de cabras y alguna garza merodeando.
Un observatorio ornitológico al lado del camino, nos recuerda el valor fáunico y el gran respeto que debemos a esta ‘Zona de Especial Protección para las aves de Costa da Morte y de la Red Natura 2000’.
A partir de aquí el sendero asciende suavemente por una loma de arena llamada Monte Blanco y dejamos a nuestros pies las dunas impolutas desvaneciéndose suavemente en la Playa de la Barra. Queda atrás la isla ‘dos Cagallóns’, en la ensenada ‘da Insua’, y ya avistamos la isla Tiñosa, en el mar de fuera.
La senda va derivando hacia el norte entre piedras y ‘corros de brujas’, con algunos níscalos que nos meten en los pinares de Balarés y su playa.
Es un arenal amplio flanqueado de rocas y arropado por un bosque de pinos centenarios cuajado de setas. Por el noroeste, el acantilado se ha convertido en muelle desde los tiempos del wólfram, porque aquí se cargaba el mineral con destino Alemania.
playa
Precisamente de esa época es la única edificación a la vista, reconvertida por la Diputación de Coruña en restaurante, para deleite de senderistas, y hacia ella nos dirigimos porque es hora de la comida.
Regentan el establecimiento los propietarios del restaurante Miramar, de Corme, que aquí se llama Miramar de Balarés. Vaya por delante que no es día de percebes, por aquello de: estar al lado de Corme y no comer percebes…, pero la oferta de ‘productos’ del mar es gloriosa.
Nos limitamos a unos mejillones de primero, en su doble versión, con alioli y tigres rabiosos; de segundo una contundente cazuela de alubias con pulpo y almejas, para rematar con un delicioso surtido de repostería local. Pero la degustación podía haberse prolongado con berberechos al vapor, pateiros y navajas a la plancha, que todo eso había. Optamos por regarlo con un ‘VL Treixadura’, de Sampaio (Ribadavia), que resulta también excelente.
mejillones
Bueno, esto es sólo la mitad de la PR-G 148, pero dejamos la segunda parte, hasta Corme, para otro día. Hoy seguiremos en coche, porque nos esperan en el pueblo con un programa interesante, de marinos y museos, y hemos de conocer los secretos del mar.
Sólo diremos que el tramo pendiente bordea los cantiles del Monte da Facha, atraviesa el núcleo rural de Gondomil, pasa al lado de la Pedra da Serpe y de las pequeñas playas de Ermida, Osmo y Arnela, antes de entrar en el Puerto de Corme. La ruta completa se estima en 3 h 45 min.
Cuestión importante: todo el trayecto está jalonado de postes informativos dotados de código QR, así que hágase todo el mundo con la aplicación correspondiente, para poder descargar información automáticamente con el móvil, en cada momento. La información completa se puede encontrar en la web municipal de Turismo de Ponteceso  y en la web de Os camiños do mar.
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