AZUL MARINO
 
lunes 22|07|2019

La Costa Azul de los pintores (III)

Texto y fotos: Manuel Bustabad Rapa

Musa de pintores, encrucijada irrepetible del arte moderno, la Costa Azul francesa sedujo a genios como Monet, Picasso o Boudin, que montaban sus caballetes entre pinares salvajes y casas de pescadores, y hoy continúa siendo uno de los lugares más cautivadores del mundo. Te proponemos que nos acompañes a un recorrido en cinco etapas por ‘La Costa Azul de los pintores’.
Tercer día.- De Beaulieu-sur-Mer a Menton pasando por La Turbie.
BEAULIEU-SUR-MER
Beaulieu (sur-mer desde 1908) ocupa un lugar privilegiado en la costa, entre Niza y Mónaco y está tan comprimida entre el mar y las montañas, que los edificios trepan y penden de sus laderas.
Nuestro paso por Beaulieu es fugaz, centrado en Villa Kerylos y un cafetito en el pueblo (con calma que es domingo, marzo), antes de partir hacia las montañas próximas.
Casonas y sierras, dos elementos representativos de esta pequeña ciudad, que, empujada por los montes hacia el golfo de Saint Hospice, reúne quizá la mayor concentración de villas, palacios y hoteles de la Costa Azul y, desde luego, un patrimonio Belle Époque fuera de lo común.
A finales del siglo XIX la realeza europea, desde España a Rusia, construye sus mansiones y veranea aquí.
La llegada del ferrocarril es determinante y su desarrollo en esa época es tal, que en 1907 salen ochenta trenes diarios (uno cada diez minutos) de una estación, la de Beaulieu, que presentaba la particularidad de contar con una vía-garaje.
En ella se estacionaba el vagón particular del Rey de los belgas Leopoldo II, soberano del Congo, o el del que fue el primer alcalde de Beaulieu, Hippolyte Marinoni.
El tren era el transporte en boga y las cinco jornadas para llegar desde San Petersburgo no arredraban a la aristocracia rusa ni al considerable número de dignatarios europeos y personajes importantes de la industria y las finanzas, que se mantuvieron fieles a la cita hasta la primera guerra mundial.
La Villa Kerylos, construida entre 1902 y 1908, es la recreación de una mansión griega de la antigüedad, inspirada en una casa de Délos que existió realmente entre los siglos II y I antes de J.C.
Nace de la colaboración del arqueólogo Théodore Reinach (erudito en lenguas de la antigüedad y en música, además de doctor en Derecho y en Letras y perfeccionista de sus conocimientos toda su vida) con el arquitecto Emmanuel Pontremolli (Gran Premio de Roma de 1890 y protegido del príncipe Alberto I de Mónaco).
La mansión ocupa un espacio envidiable en contacto con el mar, del que está separada por una galería subterránea, bajo el jardín, repleta de esculturas y mapas, con ventanas enrejadas a ras del agua y con vistas hacia Italia, por el Este, en lontananza, y por el Sur hasta el cabo Ferrat.
La pieza central es el Peristilo o patio cuadrado rodeado de doce columnas de mármol blanco de Carrara con sus muros decorados con frescos.
El edificio está repleto de todo tipo de muebles y objetos inspirados en la antigüedad: mesas de tres patas enriquecidas con finos trabajos de marquetería, bañeras de mármol ricamente tallado, artesonados policromados, ánforas grabadas con motivos mitológicos, precisa carpintería y preciosa rejería, mosaicos de colores…Todo un muestrario de buen gusto y armonía.
La Villa Kerylos es de los pocos lugares que hemos encontrado en nuestro corto periplo por la Costa Azul con información en español, por escrito y en guía sonora. 
      

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